Fernando Jauregui

Colgar las botas

Colgar las botas
Fernando Jáuregui. PD

Me sorprenden -como si a uno le quedase capacidad de sorpresa- dos titulares: uno corresponde a Pedro Sánchez, el ex secretario general del PSOE, que prosigue su ‘road show’ en pos de recuperar el cargo, el mando y las llaves de la sede de Ferraz, de donde emana todo poder. Dice Sánchez que, si no gana las primarias de su partido, se retirará de la política; «cuelgo las botas», dice. La otra noticia que me conmueve asegura que Pablo Iglesias ofreció a su amigo/rival en Podemos, Iñigo Errejón, la alcaldía de Madrid, se supone que a cambio de que el segundo deje de incordiar al primero ante el congreso de Vistalegre II que se celebra este fin de semana. No se ha recibido confirmación, pero tampoco desmentido suficientemente tajante, ante la publicación por varios medios de este ofrecimiento, que, por otra parte, tampoco entiendo mucho: ¿puede realmente Iglesias lanzar oferta tal? ¿Está en sus manos poner y quitar al alcalde de la Villa et Corte? Y mi comentario, en todo caso, ante ambas noticias es el mismo: pero ¿no estábamos haciendo una Nueva Política? Porque esto de marcharte del partido si no te dan el poder, esto de comprar silencios o adhesiones a cambio de cargos, es, más bien, cosa de la Vieja Política, ¿no?. Y más: pero ¿no tenía el señor Sánchez la voluntad de construir el partido, reforzarlo, estuviese donde estuviese? Eso se lo he oído yo mismo decir en no pocas ocasiones, y ahora resulta que, o le dan la secretaría general -que perdió, por cierto, a causa de sus numerosos errores- o cuelga las botas. A eso se llama aferrarse al poder… perdido.

Y lo de Podemos, pues lo mismo; yo pensé que en el partido morado todo se hacía a base de elecciones primarias, que cada cargo había que ganárselo con los votos militantes, no merced -nunca mejor dicho- al dedo amigo, o al menos benefactor, aunque ya no sea tan amigo. A mí, elector ingenuo, me gustaría pensar que mi alcalde también lo elijo yo, con mi sufragio, y no que me viene designado desde las cúpulas partidarias, que es, más o menos, lo que ha venido siempre sucediendo.

Hombre, así, ¿qué le vamos a pedir al señor Rajoy? Pues eso: que, ante el congreso del PP, simultáneo al de Podemos -qué trajín de fin de semana para el pobre comentarista– siga designando a su voluntad a la ejecutiva de su partido, que los otros ya se ve que hacen lo mismo. Qué país, madre.

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