Pedro Calvo Hernando

El diálogo como única salida

El diálogo como única salida
Pedro Calvo Hernando. PD

Contemplar la masa humana que acompañaba a Artur Mas y dos exconsejeras poco antes de comenzar el juicio de Barcelona me parecía algo más, mucho más y distinto, que el «numerito» como calificativo del ministro de Justicia a lo que estaba sucediendo. Sin duda creo que la marea independentista es con mucho lo mas grave que nos sucede y lo que debería concentrar todos los esfuerzos de los políticos y del Gobierno para salir al paso de lo que podría desembocar en desastre.

Todavía no puedo creerme que al tiempo que todo esto sucede, la atención pública se centre tanto en los enfrentamientos internos de Podemos, que era el partido en que teóricamente se habrían depositado tantas esperanzas para la transformación pacifica y democrática de las estructuras de este país.

No quiero restar importancia a lo que sucede en el partido de Pablo Iglesias, solamente darle la que realmente tiene, sobre todo en comparación con el tema central del independentismo catalán. Podemos, el Gobierno y todas las demás fuerzas tienen que concentrarse en lo más importante y lo más urgente. Estoy del todo convencido.

Los cuatro o cinco últimos años han conocido una sucesión siniestra de errores y disparates por parte de todos los sectores relacionados. Pero ya tengo escrito alguna vez que la mayor culpa hay que atribuirla al partido de Rajoy, cuando no era y cuando era detentador del Gobierno de la nación. Aquel destrozo del nuevo Estatut que el Constitucional se cargó, como respuesta al recurso de los de Rajoy. Aquellas campañas de los mismos que ya merecieron el justo calificativo de anticatalanas. Y ahora Artur Mas tenia razón días atrás al tildar la acción del gobierno como «un acelerador del soberanismo». Y es que pocos años atrás los independentistas eran mas bien poquitos, pero la aceleración se creció con los disparates del Gobierno y el partido de la derecha.

Hay que colocar el problema en el lugar central que merece. Como parecía que había comenzado la vicepresidenta Santamaría, hay que acelerar el diálogo. Convertirlo en lo que es: la única salida posible y sensata para la solución del problema número uno de este país. No queda mucho tiempo.

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