Apuleyo Soto

Ejercicios circenses

Ejercicios circenses
Apuleyo Soto. PD

Mientras se levantan circos belicosos
entre los humanos por pensar distinto,
sufren mil acosos torpes y fogosos
los circos pacíficos con el noble instinto
de los animales como diversión.

¿Qué diría a esto aquel que a dos manos
montaba elefantes de trompas triunfales
entre majorettes al son de timbales
y brincos graciosos de parcos enanos,
Gómez de la Serna, el gran don Ramón?

Cuéntase que antaño, cuando los romanos,
ya se peleaban hombres muy brutales
mojando la arena con sangre a raudales
de libios paganos y esclavos cristianos
delante del palco del loco Nerón.

El gentío aullaba, su voz tremolaba
sobre los sillares de mármol altivo
y más de un cautivo no salía vivo
pues le desgarraba y desparramaba
por el suelo inerte el fuerte león.

Pero este de hoy, este circo andante,
chocante, pimpante, blando y serenante,
no tiene que ver nada con aquel
y los animales, en su mansa piel,
no sufren heridas, que son de algodón

las tiernas caricias de las amazonas
y el azúcar dulce de los domadores,
y son pura nata las dueñas fondonas
y risas y palmas los espectadores
del sumo espectáculo, la suma ilusión.

Dejad pues al circo con todos sus bichos:
focas y leones, cebras, perros, gatos,
tigres, burros, sierpes y otros pelagatos
listos y selváticos… Como dice el dicho:
«hacen su trabajo, gozan un montón».

Y abajo los «circos» de los bandoleros
que son los políticos gafes y trileros
que a todos nos meten en su carpa estrecha
yendo en caravana, izquierda y derecha,
como a borreguitos jugando al pimpón.

Animal hermano: dame tus patitas,
tus cuernos, tus garras, tu boca, tus manos.
Quedemos conjuntos los pobres humanos
con vuestras circenses y aclamadas citas:
Todo sea a gusto del niño coñón.

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