Fernando Jauregui

O sea, que somos lacayos del imperialismo trumpista…

O sea, que somos lacayos del imperialismo trumpista...
Fernando Jáuregui. PD

Un personaje algo demencial, que militó en filas cercanas al terrorismo y ahora se dedica a glosar a Franco en libros surrealistas -pero, paradojas de este país, se venden…– me acusó hace poco en una red social, a veces tan absurda como quien impulsó la tecla, de ser un «lacayo del imperialismo». Mi culpa, haber utilizado en un ‘tuit’ una palabra en inglés. Ya sé que es una anécdota muy menor, pero me sirve para ilustrar un poco la insoportable levedad declarativa -y conceptual- en que se mueve nuestra vida política, al borde de un fin de semana de congresos y mítines vacuos de contenido real. Y así, en plena faena, cuando muchos como quien suscribe tendrán que clonarse para ir de congreso en congreso, va el portavoz de la gestora del PSOE, que a mí me parece personaje menor, con perdón, y nos viene a adensar el panorama informativo diciendo lo que me parece, siento decirlo, una sandez: sin encomendarse ni a Dios ni a Trump, acusa a Mariano Rajoy de ser un «mayordomo» del presidente americano porque, al parecer, en la conversación telefónica de quince minutos con intérprete que el presidente español mantuvo con el mandatario yanqui, el primero se ofreció a mediar entre los Estados Unidos y Europa y América Latina, si preciso fuera.

Hombre, no sé a qué mediaciones aplicaría Rajoy sus buenos y galaicos oficios, ni en qué berenjenal internacional nos metería ejerciendo tales oficios, pero, la verdad, no veo yo al circunspecto jefe del Ejecutivo español dejándose poner la zarpa trumpiana sobre el hombro, como Aznar lo permitió, gozoso, con el peor Bush embarcado en la guerra de Irak.

Personalmente, reconozco que no me parece nada desdeñable el papel de mediador, de lo que sea con quien sea. Es mejor que zambullirse de hoz y coz en la majadería de pelos naranja y bravatas contra los vecinos del sur. Si España se lograse consolidar como foro de paz entre la necedad del nuevo amo del mundo y los agravios de aquellos a los que agravia e insulta, pienso que el papel internacional de nuestro país se vería acrecentado. Lo que jamás es un mediador es un mayordomo, y menos un lacayo, sino un señor que presta servicios porque tiene autoridad moral para prestarlos. Y lo menos que podría esperarse de una formación tan seria -ahora- como el PSOE gestionado por Javier Fernández sería que respaldase esta oportunidad histórica que España tiene de crecer diplomáticamente precisamente cuando la ‘era Trump’ nos anuncia nubarrones sin cuento.

No sé por qué me da que la metedura de pata del portavoz Don Mario Jiménez, que de política internacional aún tiene mucho que aprender, no ha de haber gustado mucho en el Principado de Asturias, donde mora a ratos el prudente presidente de la gestora. Ni, ya que estamos, tampoco imagino entusiasmada a la presidenta andaluza, Susana Díaz, que prepara su ‘aterrizaje’ en Madrid, bastante controvertido en las filas del PSOE, de la mano de algunos de los alcaldes socialistas más prestigiosos.

Y anda que no hay otros motivos de crítica a este Rajoy precongresual, que no utiliza la ‘cumbre’ del PP para aproximarse a los jóvenes reformistas, ni para enunciar soluciones de diálogo -los demás tampoco lo hacen, es la verdad– con Cataluña, que por cierto, mantiene un frenesí político que comparte la demencia general de nuestra política. Y no hablo ya, en este marco deprimente, de lo que está sucediendo, también en vísperas de su congreso, en Podemos: aquello parece un ‘duelo al sol en OK Corral’, en el que se nos advierte que solamente quedará vivo uno de los duelistas. Bueno, al fin y al cabo la conversación de Trump con Rajoy, cuyo contenido Don Mario Jiménez desconoce, tuvo lugar mientras el gran manitú americano asistía a una convención de ‘sheriffs’, con estrella y pistola. Todo muy ambientado.

Bueno, volviendo a lo de los congresos y las declaraciones curiosas: me parece que lo que ocurre es que piensan poco en nosotros, porque han perdido el sentido del ridículo. Ellos son lo que importa, si son galgos o podencos, charranes o gaviotas, y a los ciudadanos, que nos vayan dando morcilla. Ya lo dice, desde su patente magistratura de politólogo, el alcalde gaditano, nominado Kichi: «Si se ‘hooliganiza’ el debate por arriba, se ‘hooliganizan’ las bases». Ya digo: básico.

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