Charo Zarzalejos

A vueltas con los vientres… de alquiler

A vueltas con los vientres... de alquiler
Charo Zarzalejos. PD

Este fin de semana se presenta con una intensa actividad política. Hay congresos, campañas internas y otras citas como la de Ciudadanos que una vez celebrado su congreso que ha pasado como la luz por el cristal, han optado por convertirse en abanderados de la maternidad subrogada; es decir de los vientres de alquiler solo que la primera expresión suena «menos dura». Rivera, que tiene muchas cualidades políticas y una sana y legítima ambición por cambiar muchas cosas que, efectivamente deben cambiar, se ha comprometido a hacer llegar al Congreso este controvertido asunto. Abogan desde Ciudadanos por esta opción siempre y cuando no haya contraprestación; es decir, siempre y cuando la mujer en cuestión no reciba dinero por asumir el embarazo de un bebe al que nunca va a conocer.

Quienes defienden el uso de vientres ajenos apelan al deseo de muchos hombres y mujeres de tener hijos. Ni qué decir que semejante deseo merece todo respeto y que además es bien comprensible pero ¿dónde está escrito que un deseo deba convertirse en derecho?. Si de algo estamos sobrados los humanos es de deseos. ¿Quién no desea no sufrir o ver que sus hijos crecen sanos y fuertes?. ¿Quién no desea tener un trabajo digno o ver satisfechas sus legitimas expectativas?. ¿Quién no desea, en fin, ser feliz o por lo menos alcanzar aquello que cree le va a hacer feliz?. Si se regula el derecho a ser padre o madre no se con qué criterio no habría que regular otros deseos no menos dignos y no menos respetables. Otro argumento para defender la posición de la que muchos discrepamos es que es «algo que está en la calle». El argumento no puede ser más endeble. ¡¡Hay tantas cosas en la calle!!.

Pueden tener la seguridad de que quienes nos manifestamos en contra de los vientres de alquiler o «gratuitos» no somos insensibles a situaciones que son duras de sobrellevar. ¿Cómo no conmoverse ante una mujer que por un cáncer no puede ser madre?. Somos muchos los que vivimos con el corazón encogido por el sufrimiento ajeno y muchos, yo diría que millones, los que a lo largo de la vida no vemos satisfechos nuestros legítimos y respetables deseos y aquí estamos, asumiendo que en la vida surgen montañas que te permiten tocar el cielo y de repente te ves hundida en un áspero valle que te obliga a caminar a gatas.

Somos, muchísimos de toda clase y condición, con creencias y sin ellas, de derechas o de izquierda los que estamos en contra, radicalmente en contra, de la utilización del cuerpo femenino en cualquiera de sus versiones o formatos y, por tanto, en contra de acudir a vientres ajenos para satisfacer un deseo que en ningún lugar del mundo está escrito que sea un derecho. El Parlamento europeo ha sido tajante en contra de los vientres de alquiler y pensar que este «servicio» vaya a ser gratuito es casi, casi una broma. ¿Alguien conoce a una sola mujer que por filantropía o generosidad esté dispuesta a asumir un embarazo de un hijo ajeno?. Se pone como ejemplo a Canadá pero resulta que las voluntarias, al final cobran en «negro».

Los vientres de alquiler o maternidad subrogada es exactamente lo mismo y es en sí mismo un negocio impresentable en el que los intermediarios y las clínicas se hacen de oro. Como bien es sabido, California es la cuna de oro de esta práctica. Clínicas estupendas, mujeres que ya han tenido uno o dos hijos, es decir, que valen para ello y que además no son pobres. La factura supera con creces los 100.000 dólares a lo que hay que sumar viajes, estancias y demás circunstancias propias del caso. No obstante hay presupuestos más baratos. No hace falta ir a la India, aquí mismo, en algunos países europeos en donde la pobreza femenina es más que lacerante las tarifas americanas quedan reducidas a más de la mitad. Los vientres de las mujeres necesitadas son más asequibles.

Durante el embarazo las gestantes de hijos ajenos no pueden ver las ecografías de seguimiento para que de ningún modo se encariñen con el bebe que llevan dentro y, naturalmente, el parto es siempre programado bajo anestesia para que la mujer no conozca a quien ha dado a luz. Es más que seguro que mi condición de madre me impida contemplar el asunto con la frialdad necesaria en su aspecto emocional y psíquico, pero como soy mujer antes que madre, apoyo y apoyaré siempre a aquellos que se muestren radicalmente en contra. Con el mismo énfasis hay que defender los derechos de los niños nacidos por este método. No es justo que quienes les quieren se vean sometidos a numerosas trabas administrativas o a problemas burocráticos a la hora de la afiliación. Los derechos de los niños sí que están bien delimitado. Los deseos son otra cosa.

Este debate sí que es transversal pero en cualquier caso, a la hora de defender la dignidad humana, porque de eso se trata, creo que no habría avergonzarse de las coincidencias ni temer a las discrepancias.

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