Luis Ventoso

Lo que propone Podemos es la igualación a la baja

Simplemente van contra la naturaleza del ser humano

Lo que propone Podemos es la igualación a la baja
Luis Ventoso. PD

ES cierto. Hay ricos que partieron con una ventaja de cuna, como Bill Gates o Trump, hijos ambos de familias acaudaladas.

Pero cualquiera que camine despierto por la vida se habrá fijado en que la mayoría de la gente que ha prosperado lo logró con su esfuerzo y talento personal. A casi nadie le regalan nada.

La asistencia social del Estado y los derechos laborales son necesarios. No hay partido en Europa que no esté de acuerdo. Pero lo que realmente hace avanzar a los países no es eso, sino la suma de muchos afanes individuales de emulación en el marco de un Estado de Derecho.

Gran Bretaña se convirtió en la mayor potencia industrial porque a finales del XVIII alguien ideó un ancestro rudimentario de la máquina de vapor para achicar agua en los pozos de hulla.

Apple es la primera empresa planetaria porque una persona, Jobs, vio que se podía dialogar con los ordenadores de un modo más grato y elegante. El mayor plutócrata de España, Ortega, era hijo de ferroviario y empezó de mozo.

Soy de tierra de emigrantes. Conozco montones de historias de aldeanos que se fueron a Argentina, Suiza, Alemania o Inglaterra con una maleta de cartón y sin apenas saber español.

Con su ahorro extremo, tras décadas de trabajo y reclusión, algunos lograron regresar, enviar a sus hijos a la universidad y convertirse en pequeños propietarios, a veces de un bajo y un piso, o dos.

Sé de camareros listos que acabaron montando el mejor restaurante de su ciudad. Tengo un amigo que era hijo de un conductor de bus. No había ni un libro en su hogar. Pero estudió dos carreras y hoy es uno de los grandes escritores de su tierra.

Conozco, claro, el ejemplo de mi padre, que partiéndose la cara con las olas de Gran Sol acabó siendo un armador dueño de cinco barcos. Mi cordialmente denostado Almodóvar salió de La Mancha profunda y ha ganado dos Oscar.

He visto a familias que con empleos discretos han logrado llevar vidas buenas y convertirse en propietarios, pero apretándose el cinturón. También conozco, claro, la historia contraria: la queja perenne, el efecto paralizante de la subcultura de la subvención; el nulo afán de pelea, pero la lengua larga para poner a parir al vecino al que le dio por currar y espabilarse.

Lo de Vistalegre no funciona. Y no porque no sepan gestionar, como prueban de manera tragicómica en los ayuntamientos. Ni porque fuesen de puros y ahora se dediquen al navajeo. Ni porque hayan incurrido en los vicios éticos que veían exclusivos de «la casta».

Todo eso es grave, pero los motivos que los hacen realmente nocivos son dos: su intolerancia con las ideas ajenas, que no admiten; y sobre todo, su desprecio y coacción ante el legítimo afán de las personas por ir a más en la vida.

El móvil de Vistalegre es la envidia, el asco al trabajador que ha prosperado y al rico, sin detenerse a valorar su esfuerzo y aportación.

Lo que proponen es una igualación a la baja. Su plan no es que todos vayamos a más, sino castigar a los más diligentes para instaurar la subvención universal, una mecánica que solo crea países improductivos e inviables (y ahí está la experiencia comunista). Lo siento, pero ni me gustan ni me interesan. Nada.

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