Antonio Casado

Todo el poder para el jefe

Todo el poder para el jefe
Antonio Casado. PD

En Vistalegre II (segundo conclave general de Podemos) barrió la apuesta por la radicalidad encabezada por Pablo Manuel Iglesias. Mala noticia para los desheredados, la gente, las capas sociales más desprotegidas, los parias de la tierra, los de abajo.

Ganó la apuesta por la calle y no por las instituciones. Y ganó la doctrina de todo el poder para el jefe. Todo eso complace a la militancia (155.000 papeletas, algo más del 33% de las bases). Pero no está claro que complazca a los votantes (más de cinco millones de ciudadanos), porque viene a ratificar el confinamiento político y parlamentario de Podemos.

Por tanto, buena noticia para los de arriba, pues deja a Podemos en la irrelevancia, sin poder influir en la agenda institucional de las decisiones que afectan a los ciudadanos. Según los ganadores de Vistalegre II, lo prioritario es seguir dando miedo a los de arriba y no calentar el sillón en el Parlamento. Además, reclaman plenos poderes para que el secretario general pueda combatir a la «triple alianza» (PP-PSOE-Ciudadanos) con todos los medios al alcance de un partido «coral, femenino y fraterno».

No parece esa una buena fábrica de decisiones encaminadas a inquietar a los poderosos y favorecer a las capas más vulnerables de la sociedad. Tampoco parece ser la mejor forma de integrar al 37% de los simpatizantes de Podemos que votaron por las tesis de Iñigo Errejón.

Una de esas tesis era precisamente la de que no se trata tanto de cantar las cuarenta a los poderosos sino de «enseñarles el camino de salida». Tesis rendida ante el empuje de los seguidores de Iglesias, cuya reciente victoria les permite apelar al principio de la obediencia debida, en línea con la doctrina Monedero, que hace unos días, cuando las espadas aun estaban en alto entre el numero uno y el numero dos, reñía a Errejón y a Tania Sánchez de esta guisa: «Joder, tío, o sea, Pablo no es vuestro colega, es vuestro secretario general».

Insisto: todo el poder para el jefe, como en el PP, como en la CEDA de Gil Robles, bajo el doble principio de unidad de criterio y dependencia jerárquica, como en la Fiscalía, como en el Ejército. Nada nuevo entre quienes se reclaman de la nueva política.

En esas circunstancias el futuro político de Errejon está en el aire. Antes era el número dos de Iglesias, pero ahora se ha convertido en el jefe de filas de una corriente interna de Podemos. Así que quedamos a la espera de saber hasta qué punto se dará por aludido Iglesias en el mandato de unidad y humildad salido de Vistalegre II, mientas el perdedor reclama también un mandato de pluralidad. Iglesias le ha tenido una mano, pero nadie sabe si en la otra lleva o no lleva el piolet.

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