David Gistau

La posibilidad digna que le queda a Errejón es no dramatizar su purga y no pedir clemencia

Errejón aguarda con resignación el castigo y lo asume: nadie pierde impunemente, y menos en política

La posibilidad digna que le queda a Errejón es no dramatizar su purga y no pedir clemencia
David Gistau. PD

Nadie posterga la aniquilación del adversario, aunque no siempre sea igual de fácil ampararse para el relato en antecedentes históricos como los que asocian a Podemos con Stalin

EXISTÍAN dos posibilidades ante la comparecencia de Errejón después de Vistalegre (La purga de Pablito).

Primera, que no compareciera por imposibilidad derivada de un estado de cautiverio y/o ingreso en un psiquiátrico para su reprogramación (Podemos: el partido pandilla).

Segunda, que compareciera con los labios pintados y con una peluca a lo Merkel para encajar en el propósito de feminización de la portavocía que Pablo Iglesias ha declarado prioritario para colocar a Montero en el escaño contiguo al suyo, como en la disposición característica en los automóviles de la familia atómica y tradicional: Pablo conduce, Irene consulta el mapa, los de atrás piden pipí (El sombrío vaticinio que el veterano Iñaki Gabilondo hace sobre Podemos).

Me da pena ver, en el Parlamento, a diputados que ocuparon escaños de primera fila que de pronto se extravían en los periféricos, como si el hemiciclo los estuviera regurgitando con una tos: en el Parlamento se cae hacia arriba, como si imperara una ley propia de gravedad.

Las almas penitentes vagan a perpetuidad por ese corredor de circunvalación que allí dentro llaman la M-30: hace poco, una mancha de humedad adquirió los rasgos de Pedro Sánchez y hubo un viento gélido que nos asustó a todos.

Debo admitir que Errejón me gustó en su comparecencia. En lugar de cultivar un victimismo adolescente, de niño incapaz de comprender que toda acción provoca una correspondencia, se puso a disposición del macho alfa triunfante como en esas rendiciones de las guerras civiles romanas en las que, como única alternativa al suicidio que pocos han practicado con tanta obstinación como Catón de Útica, se apelaba a la clemencia del antagonista que antaño fue hermano de casta: César murió por ser demasiado pródigo en el perdón.

Errejón aguarda con resignación el castigo y lo asume: nadie pierde impunemente, y menos en política.

Las tentaciones literarias nos hacen fantasear ahora con purgas de cuando Stalin y con estepas siberianas donde a Errejón se le empañarían las gafas durante los trabajos forzados.

Lo cierto es que en Podemos no va a ocurrir nada que no haya pasado en cualquier partido tradicional después de que una corriente interna colisionara con otra y saliera derrotada.

Nadie posterga la aniquilación del adversario, aunque no siempre sea igual de fácil ampararse para el relato en antecedentes históricos como los que asocian a Podemos con Stalin.

¿Por qué la extirpación progresiva del aznarismo que Rajoy ha practicado en el PP no nos invita a juguetear con el concepto de purga y a fantasear con detenciones en la noche como la que Shostakovich envejeció temiendo cada vez que llamaban a su puerta?

¿Por qué un golpe interno tan salvaje como el que el PSOE dio en Ferraz, metiendo poco menos que a los hombres de Harrelson por la ventana, se considera un aséptico y sensato cambio de estrategia y no una escabechina soviética?

Perder es perder. En Podemos y en cualquier otro ámbito. Habiendo perdido, la posibilidad digna que le queda a Errejón es no dramatizar su purga. Tampoco debería pedir clemencia: nos vale el ejemplo de Catón.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído