Juan Pablo Colmenarejo

Venezuela: La farsa es una tragedia

Venezuela: La farsa es una tragedia
Juan Pablo Colmenarejo.

El Tribunal Supremo del chavismo acaba de confirmar la condena de catorce años de cárcel al opositor Leopoldo López basándose en las mismas mentiras con las que se construyó su detención y encarcelamiento.

Todo era falso, como confirma su acusador, el fiscal Nieves, desde el exilio. No mató a nadie y tampoco incitó a la violencia ni antes, ni después del juicio. Maduro tiene miedo a López.

Los tres años de cautiverio le han consolidado como líder de la oposición. Y además es un mártir de la libertad.

Si la presión internacional, única puerta de salida, consigue sacar de la prisión a López, el chavismo estará acabado. Por eso su liberación ha tornado en cuestión de supervivencia del régimen.

El silencio de los gobiernos americanos sobre el escándalo político de Venezuela no se hubiera producido en otros momentos de la historia frente sistemas tan férreos como el que actualmente está aplastando a los venezolanos.

Al final, llevarse por delante las libertades puede ser el resultado de acciones o simplemente de decisiones.

En la Venezuela de Maduro están ocurriendo situaciones muy graves que no pasarían los estándares de calidad de cualquier democracia avanzada. Basta con escuchar a los miles de exiliados venezolanos que hemos acogido en España.

Ellos, y no otros, son los que nos recuerdan la suerte que tenemos con nuestro sistema político. Y a la vez nos ponen en alerta sobre el juego de máscaras que se trae Podemos.

Es el mismo que con candidez empezaron a practicar miles de personas en Venezuela. Aquello comenzó con el asesoramiento, bien pagado, de los que ahora se arremangan con mala cara en los escaños de nuestro Congreso, amenazando al adversario.

Leopoldo López ha conseguido que dos expresidentes españoles, González y Aznar, se reúnan públicamente para pedir su libertad y la del resto de presos políticos.

Ya quisiéramos verlos juntos más veces en otras cuestiones próximas de la vida española. Pero de momento lo que importa es que dos políticas muy diferentes, las que representan González y Aznar, se tocan en lo fundamental.

La defensa de las libertades y derechos individuales constituyen otra vez una causa singular en estos tiempos de populismo y antidemocracia. La prisión del «flaco» López es un símbolo de resistencia frente a quienes con palabras bonitas, pero huecas, pretenden llevarnos otra vez al sumidero de la historia. La democracia no tiene alternativa.

O es o no es. Leopoldo López se ha convertido en un símbolo de esperanza porque nos hacen libres desde el primer instante. La farsa de Venezuela no tiene gracia por mucho que se ría de nosotros Pablo Iglesias cuando la defiende con su ambigüedad calculada. Ha tornado en tragedia y la escena principal se desarrolla en una celda.

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