Alvaro Martínez

La democracia según Podemos: Siete de cada cien

La democracia según Podemos: Siete de cada cien
Alvaro Martínez. PD

Solo si la comparamos con las primeras ocurrencias que lanzó Carmena nada más llegar a Cibeles, la consulta ciudadana organizada por el Ayuntamiento populista supone un notable avance.

No porque haya sido un éxito, como ayer insistió Rita Maestre, pues solo han votado siete de cada cien madrileños convocados, ni porque el escrutinio tenga transparencia administrativa (que no parece), ni porque la iniciativa haya costado más de un millón de euros que bien estarían invertidos, por ejemplo, en mejorar algunos de los miles de cráteres que surcan las calzadas de la ciudad.

No, el avance llega porque al menos la propuesta no pasa por mandar a «las madres» a fregar el colegio de sus hijos y a los universitarios a barrer colillas de las aceras, o por construir «aparcamientos solo para mujeres» en las afueras, llenos de peluquerías y tiendas para que las conductoras se entretengan, como sugirió la alcaldesa podemita en su día, que si a Botella se le hubiera ocurrido cualquiera de esas tres cosas aún la estaba apaleando en Twitter la tropa progresista.

Maestre daba este 27 de febrero saltos de alegría por el «éxito rotundo de una consulta que consolida a Madrid como ciudad vanguardista». Pues no lo parece, sobre todo porque hasta su propio electorado ha mostrado un entusiasmo descriptible con la propuesta, si tenemos en cuenta que Ahora Madrid rozó el 32 por ciento de apoyo en 2015, con más de medio millón de votos.

Así que menos albricias, menos aleluyas y menos vanguardismo, porque al final solo son siete de cada cien decidiendo sobre ejes del calado de la Gran Vía o sobre entornos esenciales del paisaje urbano, como la Plaza de España.

Peor aún es el despropósito que supone que Carmena le vaya a quitar el nombre de Felipe VI a un parque, porque así lo hayan decidido menos del 2 por ciento de los residentes en el distrito de Hortaleza. En eso andan…

«Ahora hay más democracia», sentenció el edil Murgui, al que no se le recordaba una defensa tan cerrada de algo desde que se partió la cara por Alfon, el condenado a cuatro años de cárcel por llevar explosivos a una manifestación.

Porque este festín de autosatisfacción que se dieron este 27 de febrero de 2017 los populistas no tiene otro objetivo que sustituir la democracia representativa, en la que tan a disgusto se mueven los podemitas, por una suerte de procedimiento asambleario que convierta en un monigote al pleno del Ayuntamiento, ese que fue elegido por casi el 70 por ciento de los madrileños. Y setenta son diez veces más que siete.

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