Antonio Lucas

‘Lentejas Mariano’ para Albert Rivera y Ciudadanos

"El pollopera que se aupó como azote contra la degeneración política de España fue tan feroz en su oposición al PP que terminó pactando con él una nueva legislatura"

'Lentejas Mariano' para Albert Rivera y Ciudadanos
Antonio Lucas. PD

El PP, negando lo firmado, le ha puesto a Rivera y los suyos en esta legislatura unas púas de esas para que no se posen en el alféizar las palomas

Desde que Rajoy quedó investido presidente en el último carnaval político, Albert Rivera salió disparado hacia el País de Nunca Jamás, en plan Peter Pan. Pero no está confirmado que llegase al destino.

El pollopera que se aupó como azote contra la degeneración política de España fue tan feroz en su oposición al PP que terminó pactando con él una nueva legislatura. Es un quiebro parecido al de esos días derrotados en los que uno anuncia que a las nueve estará en cama y esa misma noche ayudas al de la puerta a bajar la persiana del after.

Ciudadanos se afianzó como un partido tan prometedor que sólo le quedaba defraudar. Y una vez más, cumple.

El PP, negando lo firmado, le ha puesto a Rivera y los suyos en esta legislatura unas púas de esas para que no se posen en el alféizar las palomas.

No piensa cumplir ninguno de los puntos acordados en el pacto contra la corrupción, que iba a ser el látigo de azufre que rasgase la indiferencia ofensiva del Gobierno.

Lo confirmó a su manera el coordinador general de los populares, Fernández Martínez-Maíllo:

«Lo firmamos porque eran lentejas».

Una frase tan humillante como agreste. Con ese punto de arrogancia de los que escupen por el hueco del colmillo.

Un político que tira de refrán encubierto resulta sospechoso de pereza mental. Un pilonero de la palabra. Luego hay quien se asombra de que sucedan ciertas cosas.

El prota de Ciudadanos, inmaculado Rivera, está en la punta del Titanic y entiendo que en apuros. Después de lo de Murcia y lo de Andalucía (dejarse chulear por un lado y dejarse acariciar por el otro) Ciudadanos es el partido blandiblú de esta democracia apaleada.

No han descubierto aún que la mejor palabra es la que no se pronuncia, sobre todo en la charca de la política. Rivera se postuló como domador y está aparcando en la plaza de los payasos. (Los símiles son estrictamente circenses). Aquel «no» inquebrantable con el que negaba el apoyo a Rajoy fue disimulándose hasta el «miau» y ahora tiene por delante la misma corrupción de siempre, pero en Génova lo llevan de la mano.

Hubo gente que a la hora de votar se fio de su cara porque sonreía con dientes de arroz con leche. El mozo gastaba piquito de oro. Parecía feroz, con modales limonados de jaguar. Era el justo de la jungla. Millones de censados lo vieron crecer políticamente en televisión, como al Carlitos de Cuéntame. No parecían reparar en que los enemigos nunca echaban las orejas hacia atrás cuando se acercaba por la espalda, instinto que comparten las cabras y los bichos más fieros para avizorar el peligro. Mala señal.

El PP es un partido muy bien dotado para no cumplir sus promesas y mantenerse en el poder pese a la turbia corriente que lo mueve. Sabe ocultar su pensamiento a la manera en que lo hacen en Palermo. Rajoy se está cobrando lentamente la campaña de Rivera.

Despacio, como digieren las anacondas. Sin dar ruido. Asfixiando a la víctima por donde más se desangra un político: la ingenuidad. Albert Rivera, sin pisparse, se dejó vestir de novia.

La manualidad de tumbar la socialdemocracia y pintarse de liberales es todo lo que ha dado de sí Ciudadanos en estos meses de ausencia. Una manicura como otra cualquiera.

«Nuestro pacto contra la corrupción y por la transparencia es como las Tablas de la Ley».

Lo dijo muy encampanado el líder del sirope en este periódico. Era 2015. Ya había fumata de lentejas en Moncloa.

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