Ignacio Camacho

No sienten un ápice de vergüenza: Ni por lo del Palau ni por lo del Camp Nou

Roban y se quejan de que les roban a ellos

No sienten un ápice de vergüenza: Ni por lo del Palau ni por lo del Camp Nou
Ignacio Camacho. PD

LES da igual. Todo eso del Palau, el tres por ciento, que luego fue el cuatro porque el partido tenía muchos gastos, la pasta en sobres… pecata minuta. Maniobras españolistas para entorpecer el imparable procés, que es lo único que les importa.

Millet y Montull no han dado nombres significativos, a Mas no le van a salpicar, los Pujol están amortizados y Convergencia ya no existe. Hay por ahí un tesorero comprometido pero… con lo que tiene el PP encima quién puede hablar de tesoreros.

Se van a pasar el relato judicial de la corrupción del oasis por el forro de las papeletas del referéndum.

¿Que hubo latrocinio, comisiones ilegales, cohechos? Bah, todo el mundo roba, ahí están la Púnica, la Gürtel, los ERE, los fondos de formación. Hasta Podemos tiene lo suyo con Venezuela.

Además, a la burguesía nacionalista no le hace ni pizca de gracia este asunto de la trastienda del tardopujolismo, vaya que la suciedad salpique a los barrios altos de la Barcelona respetable. Pelillos a la mar. Que nada rompa el entusiasmo coral ante el Barça

triomfant, una gesta que la España bronca y hostil quiere manchar culpando al árbitro. Que sí, que es verdad que el penalti no existió y que Mascherano reconoció el que no pitaron, pero más ayudan al Madrid y en estas proezas resulta insignificante que te echen una mano. Lo esencial es el objetivo, no el procedimiento; igual que en el proceso de independencia, por mucho que la justicia quiera detenerlo.

No sienten un ápice de vergüenza. Ni por lo del Nou Camp ni por lo del Palau; ni por los millones en Andorra, ni por las tres décadas de régimen viciado de mordidas y sobornos sistemáticos.

Viven de la propaganda, de la mitología, de la autoidentificación narcisista y del cierre de filas sobre su propio victimismo.

Y viven cómodos porque el odioso Estado se lo ha permitido con una política de mala conciencia y apaciguamiento remordido. Porque la justicia llega tarde, como tarde llega la firmeza y tarde la conciencia de todo el tiempo malgastado en abulia, pasividad y casuismos.

Porque mientras España se preocupaba de complacer su glotona exigencia desigualitaria, desde el principio han estado entregados a su proyecto; a la espera de que cuajase una ocasión oportuna, una circunstancia en sazón, una condición objetiva, un momento. Y es ingenuo pensar que ahora van a detenerse; porque ya no tienen marcha atrás, porque hacerlo significaría admitir que además de corromperse han fracasado en el tramo decisivo del empeño.

Seguirán adelante tragándose el hedor de la ciénaga del Palau y los suyos aceptarán sin atisbo de desasosiego la exculpatoria idea de que ese pillaje no es distinto al que han cometido los demás en los últimos tiempos.

La euforia de la remontada tramposa del Barça es la metáfora del cinismo nacionalista: roban y se quejan de que les roban a ellos. Se te mean encima y te dicen que está lloviendo.

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