Santiago López Castillo

El machismo desde un solo lado

El machismo desde un solo lado
Santiago López Castillo. PD

Comprendo que no es políticamente correcto escribir este asunto desde una perspectiva no sesgada. A la más mínima, coma, traspiés o idea desafortunada te cae la del pulpo, el calamar y la tinta china. Vaya por delante que detesto toda acción, palabra y obra contra una mujer, a la que considero de igual a igual salvo los inevitables atributos que nos ha dado la Naturaleza. Pues no, miren, no todo tiene que ser feminismo ni lo contrario, machismo. Mi humilde modo de medir es el respeto. Sea infante, adolescente o senior. En mis no menos mil quinientas relaciones con féminas, casi todas bellísimas, ¿cómo Julio Iglesias?, por ejemplo, para eso somos del Real Madrid, jamás tuve el más mínimo problema en nuestros respectivos amoríos. Porque amo a la mujer a muerte. La que nos nace y nos quiere para seguir reproduciendo la especie.

Pero, con el debido respeto, hoy todo es feminismo. Ya están con la escopeta cargada las Oteros y sus secuaces, las Gemios y sus gemidos enarbolando cierta indigencia cultural contra los hombres. Sin querer blandir la espada flamígera, quédensela para las batallas fantasmagóricas, tal que Star Trek, da miedo decir lo que se piensa. No voy a referirme a las vejatorias actitudes de los macho cabríos mostrencos, impresentables, carne de patíbulo llegado el caso. Me voy a concretar a ese permanente acoso del feminismo porque les cedes un asiento y te miran mal, porque les abres una puerta y te miran peor, pasen y vean, señora, señorita, damisela.

Si es denunciable la brutal actitud de los matones -qué no decir de los psicópatas criminales, la perpetua no revisable-, no lo es menos el chantaje frecuente de la pareja con hijos de tierna edad. El ser sensible al que los poderes públicos deberían proteger con el máximo esmero. Sin embargo, es motivo de chantaje en la pareja y, encima, los jueces -especialmente las magistradas- otorgan la razón a las madres. Y los varones, o sea, los padres, sufren un calvario privándoles de la visión de sus hijos. A veces, se manifiestan pero en silencio porque de lo contrario vuelven al calabozo. Es, sin duda, una situación muy jodida que se criminaliza -y si es así, constátese- con «la violencia de género», siempre referida al hombre, nunca «violencia doméstica», que sería lo más propio en esa dualidad de convivencia y en la que las féminas también matan aunque sean excepción. Horror.

Vi, por último, las estratagemas de un amigo piloto de Iberia, el comandante Furilo, que en cada vuelo colmaba de regalos a su hija para separarla aún más de su mujer, o sea, su madre. Y no es eso, no es eso… Hay besos tan finos que en vez de besar cortan los labios.

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