Santiago López Castillo

El cordón sanitario

El cordón sanitario
Santiago López Castillo. PD

En mis dilatados cuarenta años como jefe de información parlamentaria de TVE, jamás vi espectáculos como los que nos está ofreciendo esta jerga de indocumentados que son excrementos callejeros, autodenominados profesores asamblearios. Se expresan con las mayores barbaridades de urbanidad, se cagan en buda, y proclaman expresiones oscenas cuando no blasfemas. Cuánto daría para que cualquier ujier me comentara al oído las barrabasadas de estos energúmenos, que creo que se quedan cortas (y yo sí lo viví al hacer la transmisión) en comparación con el asalto de Tejero.

Ahora, se hace apología del terrorismo (Pablo, dime con quién andas y te diré quién eres), se insulta al jefe del Estado (al anterior, no digamos), se desprecia la bandera, el himno y la Constitución, disfruto viendo reventar el cráneo de un policía, pero me pongo las botas llevándomelo crudo de la Eurocámara y de las Cortes españolas pardillas, y hago nepotismo de Estado metiendo a toda mi familia de derechas o e izquierdas.

-¿Y no veníais, majetes, a regenerar la política…?
Creo que fue Federico Lupi quien acuñó lo de cordón sanitario. Un actor argentino de los que levantan la ceja y otras prominencias del cuerpo. Obvio es decir que anda con el pie izquierdo para no usar el derecho. Me cuentan que está más feliz que unas pascuas con el PP arrinconado en las cuerdas por esa cutrez en que se ha convertido el Congreso. Y falta Pedrito Sánchez para montar el pifostio.

– Usted me la pela…
– Me la suda.
– Me la casca.
– Me la bufa.
– Me la refanfinfla.

Y dicen que han ido a la universidad. Será a la de los estripaterrones. A la de los zafios y ocupas con escape libre. Estos cabestros, con perdón de los mansos, fumaban porros de serrín aromatizados con goma arábiga y florecitas secas de matalahúga. Ahora no. Ahora se dedican al álgebra de la raya, punto, com. Entre esta fauna izquierdista figura una okupa que está esperando un hijo, no se sabe de quién, porque eso sería vulnerar las reglas del juego de la comuna. Estos hijos de la calle, pues, gozan con ver arrinconados a los de la derecha y proclaman la unidad patria y una mierda porque prefieren que nuestro país se hunda en la miseria: v. gr., los estibadores; esos trabajadores que se jubilan con sueldo de ministro y nos obligan a los españoles (cuán solidarios son los protestantes de esta profesión sentados en el muelle de la bahía, como Otis Redding, y a ver qué cuela).

Tener que pagar 31.000 millones diarios por sentencia de la UE al no satisfacer una norma de obligado cumplimiento me parece, sencillamente, de señoritingos. Y a fe que lo son. Niños de papa que se disfrazan de perro-flautas para disimular. Claro que calados, bien están. A los que hay que echar un muerdo es a sus votantes. Que a mí, al menos, me la refanfinflan.

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