Ese grano de la Roca
que se está tragando España
desde mil seiscientos trece,
año en que se le enquistara
por las malas o las buenas
artes de la Gran Bretaña,
parece que vuelva a ser
parte de la Madre Patria
-la que nunca renunció
al fruto de sus entrañas-
si es que el Brexit le abandona
a su propia suerte y causa,
y pensándoselo bien
se sienta como que en casa.
Esperemos que el Peñón
de los monos en manada
se desate de Inglaterra
y su corte de piratas,
y se integre cuanto antes
donde tan campante estaba,
con los «llanitos» gozando
de las españolas playas
al son del cante flamenco
y al sabor de nuestras gambas.
Déjales, Teresa May,
bañarse en la mar salada
que va de Huelva a Almería
pasando por «Cai» y Málaga,
y que el barbián de Picardo
se mese entonces la barba
y con armas y bagajes
se rinda fiel a tus plantas
o a las de Isabel II,
la viejuna soberana.
Uno menos o una más
no nos importará nada.
¿Está la fruta madura
tras el Brexit? ¿La manzana
del paraíso fiscal
será al final confiscada?
¡Ay Peñón de Gibraltar,
abre la boquita, habla!
