Santiago López Castillo

Vientos del sureste

Vientos del sureste
Santiago López Castillo. PD

Nada más morir Rita Barberá (23. XI.2016), la emprendieron a leches contra el partido popular del sureste. Nunca tenía el más mínimo interés por la formación de la región murciana y si la tenía respondía a que yo estuve en el periódico «La Verdad» nada más terminar la carrera y allí nos formamos Juanjo Benítez, el de los ovnis, Venancio Luís Agudo Ezquerra, que llegaría a director del «Ya», y éste su seguro servidor de ustedes. Que, con el tiempo, sería distinguido con el I Premio de la Constitución Española.

El PSOE atacaba por todos lo flancos. Y si no que se lo recuerden a Francisco Camps que le hicieron el mejor modelo de los trajes de Máximo Dutti. Político al que conocí como vicepresidente del Congreso y era amable en el trato y no trataba de quitarte un euro. Mostraba, sí, una piel dorada, mediterránea porque los levantinos tienen la mala costumbre de tirarse al sol. Luego vendrían los Alberto Fabra y cía dejando en la trastienda -para toda la vida- que la alcaldesa había fallecido a causa de una cirrosis; o sea, que le daba al codo con codo.

Total que los vientos del sureste no cesaron de agitarse hasta que quedó desplumado. Me refiero a Pedro Antonio Sánchez López, que tenía casi el mismo nombre que un primo hermano mío que vive en Talavera y al que los vecinos s dirigían con mofa:

– ¿Qué, Antonio, cómo va esa presunción de inocencia…?

En España no existe. Todo depende de las filias y las fobias del señor juez. Átese los machos si su señoría es de «jueces para la democracia». Aquí, la presunción de inocencia se mide por el cocorote para introducirte al automóvil de la policía y por las portadas del telediario convenidas. El principio de inocencia es un principio jurídico penal que establece la inocencia de la persona como regla. Solamente a través de un proceso o juicio en el que se demuestre la culpabilidad de la persona, podrá el Estado aplicarle una pena o sanción.

A propósito -y como he escrito tantas veces sobre esta figura jurídica- siempre pregunté: ¿qué fue de Demetrio Madrid, aquel presidente castellano socialista al que le pusieron a caldo por una denuncia que nunca existió y luego fue absuelto? El mal está hecho. O como diría Fray Luís de León: para hacer mal, cualquiera es poderoso.

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