Apuleyo Soto

El Charrán, la Rosa y el ciprés de Silos

El Charrán, la Rosa y el ciprés de Silos
Apuleyo Soto. PD

El poeta se ha ido este fin de semana
a descansar y meditar en Silos
al pie de los cipreses y los tilos
lejos de la ciudad voluble y vana.

Y en la «terribles estepa» castellana
ha visto cómo el sol mueve los hilos
-con tiento, con fervor y con sigilo-
de la tramoya de la vida humana:

Políticos de espejos ilusorios,
programas engañosos rotatorios,
gentes que van y vuelven a su avío.

Adiós los esperados esponsorios
del Charrán y la Rosa promisorios,
adiós, adiós, que no regresa el río.

II
Después de Gerardo en su genial lirismo,
ciprés al que guardo un profundo respeto,
ya no te hallas solo, ya no eres el mismo
alzado en el claustro lustral y coqueto.

Ante ti de frente me rindo y me abismo,
no doy tu medida de verde esqueleto,
no alcanzo la cima de ese misticismo
que en torno derramas, puro, prieto y quieto.

Aquí en el embrión de la «ancha Castilla»
miro en derredor de la noble tierra
que a nada ni nadie se entrega ni humilla.

Y es que tanto honor y esperanza encierra
que es clave cidiana que aún cabalga y brilla
luciendo la paz de después de la guerra.

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