Apuleyo Soto

Elegía

Elegía
Apuleyo Soto. PD

¡Ay Dios, cómo está el patio
de la política en España!
Todos van contra todos
con insidiosa saña
por un quítate tú,
que estás que abrasas,
para ponerme yo
sobre tus ascuas,
pues estoy limpio,
lleno de gracia,
para barrer basura
a punta pala.

Eso pregonan
los que se ensalzan
en un bus kilométrico
con las estampas
más corrompidas
y enchironadas
de los peperos
con mando en plaza.
¿Será verdad
tanta arrogancia?

¡Ay amigos lectores
de esta mostranza,
la corrupción estable
tiene las mangas anchas
y afecta al que gobierna
y al que le da la espalda!
Aquí el que no es cenizo
no pinta nada,
nadie está exento
de la desgracia
de afiliar en sus filas
algún baranda,
algún ratero,
algún macarra
o algún cocacolero
de roja y negra cara
untándose los pelos
o lanzando bravatas.

Y es que están todos
los partidos en bragas
inmersos hasta el cuello
en el hedor de las cloacas.
Hasta el sacro recinto
de la alta cámara
se halla contaminado;
más parece una plaza
de desvergüenza
malencarada
que un ágora sensible,
libre y sensata,
en la que brille el genio
de la palabra.

Por lo visto y oído,
cornadas y cornadas
son sus razones
embestidas a pachas
y no hay entendimiento
que logre aminorarlas
por más que el pueblo llano
y la prensa encausada
les llame la atención
con su presión diaria.

Los ciudadanos
y ciudadanas
ya no saben qué hacer
con tanta rana
como les sale
cada mañana
y han perdido el aliento
y la esperanza:
a ninguno le otorgan
su confianza.

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