El Gobierno Rajoy no tiene respiro en los tribunales

Está ardiendo el bastión de la derecha. El fuego ha chamuscado los pies del ministro de Justicia y su cúpula fiscal

El Gobierno Rajoy no tiene respiro en los tribunales
Ignacio Camacho. PD

EL misil ha pasado rozando. Aunque un informe de la Guardia Civil no es una imputación jurídica, le puede abrir al PP un boquete en la muralla de su principal bastión político.

El juez Velasco ha rechazado citar a la aforada Cifuentes, quizá para no perder el control del sumario, pero hasta el final de la instrucción guarda en sus gavetas la llave de una crisis sísmica en la Comunidad de Madrid, capaz de descabezar la institución y de reventar por dentro al partido. El cañonazo de la filtración apuntaba a la actual presidenta, el recambio del aguirrismo, que había ofrecido a la fiscalía y al magistrado su perfil más colaborativo.

Los populares se han quedado con el susto en el cuerpo, desencajados por la posibilidad de una implosión en el agrietado baluarte capitalino. Tienen pánico a los teléfonos intervenidos; se sienten a merced de los investigadores y de las togas, inermes en una política sobrejudicializada que otorga valor probatorio, casi sentenciador, a los simples indicios.

El Gobierno no tiene respiro en los tribunales. Sus problemas brotan de los juzgados a pares. Entre los sumarios de Púnica y Lezo circula, como un flujo de vasos comunicantes, un rastro de dinero B destinado a campañas electorales. Un grupo de empresarios está bajo sospecha de haber diseñado con la Administración territorial una trama de mutuos favores, contratos amañados y pagos irregulares.

El anterior presidente autonómico y un ex vicepresidente duermen en la cárcel. Este 16 de mayo de 2017 mismo un nuevo alto cargo tuvo que dimitir salpicado por presuntas responsabilidades. Y el Gabinete de Rajoy no encuentra cortafuegos para evitar que el incendio lo alcance: el acoso de la oposición ha logrado chamuscarle los pies al ministro de Justicia y su cúpula de fiscales.

Lo que está ardiendo es la ciudadela sagrada del centro-derecha. Los largos años de hegemonía han dejado al descubierto una escombrera. De la trastienda de la alegre etapa esperancista no dejan de salir corruptelas y el feudo tradicional del PP ha entrado en franca decadencia.

El lunes, fiesta del patrón San Isidro, alguna encuesta consagró a Podemos como primera fuerza. Aunque el respaldo perdido por el marianismo lo recoge Ciudadanos, el corrimiento de tierras ha encumbrado a Manuela Carmena.

No hay partido, por fuerte que sea, capaz de resistir sin daño el desgaste de tanto escándalo. El ciclo electoral del año pasado ha podido llevar al presidente a un error de cálculo; logró sobrevivir en medio de la inestabilidad por miedo general a la amenaza populista, pero el diagnóstico oficial sobre la corrupción era falso.

Lo peor no había pasado de largo. Si Rajoy pudo salir mal que bien del lío de Bárcenas fue gracias a la mayoría absoluta; sin embargo ahora gobierna en precario. Y por más que sea un gato político con muchas vidas, está subido sobre un tejado de zinc amenazadoramente recalentado.

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