Santiago López Castillo

El Gran Dictador

El Gran Dictador
Santiago López Castillo. PD

Se le encienden los ojos. De sus pupilas salen dos fogonazos que ciegan. Está hablando de Rajoy, el inútil, el vago, el registrador de la propiedad que no debe ser una carrera que alivie el intelecto, más bien al contrario. Conocí a otro que fue ministro de Sindicatos con Suárez, De la Mata Gorostizaga. Gran amigo. De la Mata. Éste, al que me refiero, socialista encolerizado, es el ego metido entre pecho y espalda. Vive en el espejo de la vanidad, espejito mágico, quién más que yo. ¿Y quién ha soñado más veces con la Moncloa, y, por tanto, se conoce los recodos mejor que nadie?

Ya queda menos. Para sacar a este marianista de la Cámara Baja que la tiene hecha un lodazal con tanta divina corrupción.

¿Y Andalucía?

Liberados los campesinos de los latifundios.
Ya.

Ver el gesto hosco de este tirillas me hace recapacitar en sus dotes de dictador. ¿Qué sería de nosotros, pobres súbditos, postrados ante este déspota en que el Estado es él, la nación es él, y el doble de Zapatero también es él, cum laude, siempre cum laude. Ví, de chaval, la película «El gran dictador». Fue en el Bellas Artes que era y es sala «progre». Todos veían a Franco en Charlot incluido el bigote rectilíneo. Ahora -con la educación adoctrinada, siempre en la misma dirección-, todos que los que no somos «rojos» ni «azules», vagamos en blanco y negro, somos fachas. Y hacen, en discriminación pensada, una historia victoriosa teñida en color republicano. Ya quisiéramos un dictador de tierras sedientas, de pantanos cristalinos, de pagas extraordinarias, libres de impuestos, y con una Seguridad Social que no se la saltaba un gitano.

Por la Puerta del Sol ya se están preparando tenderetes para la concentración de los mocos mientras en las ondas, julita Otero, la socialista sin pudor ni rubor, recibe al mentecato en olor de multitud, revienten las fanfarrias en el cielo.

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