Juan Pablo Colmenarejo

Rajoy frente al golpe en Cataluña

Rajoy frente al golpe en Cataluña
Juan Pablo Colmenarejo. PD

El independentismo ha conseguido construir un estado de opinión capaz de borrar la incomparable realidad sobre el grado de autonomía que las regiones tienen en España. El estallido de este episodio sedicioso comienza con la excusa de los recortes en una crisis financiera que acabó por marginar de los mercados de deuda a instituciones como la Generalitat de Cataluña.

En el Derecho comparado no hay muchas partes dentro de un Estado en todo el mundo con las competencias educativas, sanitarias, penitenciarias o policiales que tiene Cataluña. Desde 2012 han volado todo lo construido, recreando la realidad para intentar demostrar que no hay nada. La afirmación solemne de Oriol Junqueras, vicepresidente autonómico, ante los empresarios del Círculo de Economía sobre la permanencia de una Cataluña independiente en la Unión Europea es una mentira dicha con tal convicción que asombra.

Los mismos que escucharon a Junqueras, el verdadero líder del independentismo, jactarse sin rubor de cómo gracias a Cataluña se ha reducido la deuda de España, saben que el golpe al Estado que van a perpetrar -estemos preparados porque lo van a dar- no va a triunfar.

El presidente Rajoy ha completado en Sitges el discurso que venía realizando desde hace meses, dando un paso más en el lenguaje de la claridad. Hasta ahora sólo hablaban los nacionalistas e independentistas, a sabiendas del temor generalizado de dar una respuesta igual de clara.

Como bien ha resaltado ABC, a lo largo de los últimos días el Gobierno, con su presidente a la cabeza, ha empezado a emplear palabras que, lejos de subir el tono, realzan la gravedad del hecho al que se va a hacer frente.

Si lo que se pretende es derogar la Constitución, y además hacerlo en un solo día, estaremos ante un golpe a una legalidad vigente que sólo puede ser modificada por todos, no por unos pocos.

El Gobierno no tendrá más remedio que recuperar las competencias en seguridad para evitar la supresión de la autonomía catalana, que es en definitiva lo que tratan de hacer rompiendo el Estado. La experiencia del 9 de noviembre de 2014 no se va a volver a repetir.

El Gobierno creyó hasta el final que no iban a poner las urnas. Y además se fiaron de la palabra de quien ya les había engañado.

Aquello fue una burla con trampa. Rajoy tiene bien agarrada la legislatura de la minoría más pequeña. Con los presupuestos de 2017 en el bolsillo, el PSOE enzarzado consigo mismo y Podemos, le queda afrontar el problema constitucional más grave de los cuarenta años de democracia que se cumplirán a mediados de junio.

El conjunto de los españoles volvió a decidir, hace cuatro décadas, en unas elecciones generales, su futuro. Nadie puede suprimir ese derecho dando un golpe. Rajoy tendrá que pararlo en defensa de la autonomía catalana y la Constitución.

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