Carlos Rubio Romo

El impostor Jaimito

El impostor Jaimito
Carlos Rubio Romo

El otro día, pululaba yo por Internet sin rumbo fijo y sin objetivo definido. Si acaso, en busca de inspiración para mi próximo artículo.

Aburrido después de ver un montón de páginas web repitiéndose como el ajo con la victoria de ese zETAp corregido y aumentado de Pedro Sánchez, de la moción de censura de los filoetarras, filochavistas y, filoislamistas de PoTemos y con las penúltimas tonterías cometidas por Donald Trump, le vi. Ahí estaba. Con su media sonrisa fija, marmolizada, que a menudo utiliza en las poses para los medios.

A veces las fotos le presentan también mirando hacia lo alto, no sabemos si buscando la inspiración para seguir contando trolas sin que se note o a lo mejor pidiendo perdón precisamente por esas bolas que suelta sin que lo parezcan gracias a su actitud postural y su tono de voz monocorde (o coñazo, según lo finos que seamos) que jamás le traicionan.

Igual que siempre. Quizá un poco más gordo, signo evidente de que no le va mal del todo y un poco más canoso, signo evidente de que incluso por él también pasan los años. En el acto en el que participó se permitió trocar su añosa corbata roja por otra de tonos más rosas, signo también evidente de la coquetería que, dicen, adorna al personaje.

Este fulero, de profesión sus patrañas, es un verdadero paradigma de político profesional puesto que lleva la friolera de ¡¡¡cuarenta y dos años en política!!! Sí, sí, cuarenta y dos años en política, desde 1975, con un breve paréntesis de tres años, entre 1986 y 1989, donde estuvo en nómina de una empresa del sector privado, propiedad de un empresario más que afín a su partido. Esa «locura» no fue más que un episodio pasajero y rápidamente volvió al coche oficial de donde se apeó (de momento…) en 2014 pero sin dejar la única ocupación que ha tenido en su vida.

Sin miedo a equivocarme, este político perpetuo debe detentar el record en el mundo occidental de veteranía. Deberemos retroceder a la tenebrosa época de las tiranías comunistas en Europa del Este para encontrar algún caso parecido, donde la foto de los Comités Centrales de los Partidos Comunistas se asemejaban muchísimo más a un retrato de los inquilinos de Parque Jurásico que a otra cosa.

Hay que reconocer, por otra parte, que tiene buena imagen. En su época de apogeo era una de los ministros mejor valorados por los españoles y desde luego el yerno ideal para muchas madres.

Transmite serenidad, especialmente si no se le contraría poniéndole en evidencia por su incoherencia vital.

A fuerza de embuste contado con cara de niño bueno, se ha ganado un aura de sabio, de sincero, de valiente. Esa es la «cara A» del disco. La «cara B» es completamente opuesta…
¿Qué de quién hablo? Estoy seguro, amable lector, que Ud. ya lo ha adivinado: Jaime Mayor Oreja.

Este señor lo ha sido todo en el centroderecha español: como cargo público ha sido concejal, diputado foral, diputado regional, diputado nacional, diputado europeo, delegado del gobierno y ministro.

Como cargo político ha sido miembro de ejecutivas regionales y nacionales de varios partidos (UCD, PDP, PP…), presidente regional, vicesecretario general del PP y vicepresidente del Partido Popular Europeo y responsable del programa electoral del PP en las elecciones municipales y regionales de 2003.

Y no fue presidente de gobierno porque en aquella elección tan impecablemente democrática que hizo Aznar de su sucesor, su dedo mágico apuntó a Rajoy.

Con semejante historial, creo que a nadie se le escapará la identificación ideológica entre este señor y los partidos y gobiernos a los que ha pertenecido.

Nadie, absolutamente nadie, es capaz de serlo todo en un partido si no existe una absoluta concordancia fusional con el programa y la actuación de ese partido.

Y, simplemente a modo de recuerdo somero, durante esas décadas el PP se ha convertido en una copia de la izquierda en cuanto a los ataques a la vida, la familia y la moral en general: aborto, gay-monio, ideología de género, etc., etc.
El PP se ha convertido en una copia de la izquierda en cuanto al desprecio a la unidad nacional.

El PP se ha convertido en una copia de la izquierda en cuanto a la rendición frente a la ETA.

El PP se ha convertido en una copia de la izquierda en cuanto al derroche del dinero público, los impuestos abusivos, la corrupción, la manipulación de la Justicia.
Podíamos seguir hasta la náusea.

Pues bien, durante todos los años en los que Mayor Oreja lo fue todo en el partido y en el gobierno, ¿cuántas veces pidió la derogación pura y simple del aborto? ¿O del fin de la discriminación lingüística del español? ¿O del cumplimiento íntegro de penas de los asesinos, terroristas y violadores? ¿O del artículo 155 de la Constitución? ¿O contra el gay-monio? ¿O por el derecho de los padres a elegir la educación para sus hijos?
Ninguna.

Calló como un muerto. No movió ni un dedo. Aceptó, no sólo por omisión, sino por participación activa en esa inmensa obra de rendición moral, ideológica y cultural que fue y es la mal llamada derecha en España. Fue, y es, uno de sus principales artífices.

En España es legal asesinar niños en el vientre de sus madres desde el 5 de julio de 1985. Desde entonces, un verdadero genocidio se comete con el acuerdo de todos los partidos con representación parlamentaria. Incluido por supuesto el PP que, a pesar de haber tenido ocho años de mayorías absolutas, no sólo no derogó esa infame ley sino que la amplió, por ejemplo en 1997 con la legalización de la píldora abortiva RU-486.

Sé que el Sistema y la castuza que nos gobierna ha hecho una labor inmensa para banalizar el aborto: desde justificarlo como un avance (¡progreso!) y un derecho de las mujeres, hasta presentar a los bebés nonatos como un «un conjunto de células» (como si el resto no lo fuéramos) u obligar a los médicos a practicarlo, violando para ello el juramento hipocrático.

La castuza ha logrado blanquear el crimen más abominable. Se pongan como se pongan, un aborto es un asesinato con el agravante de que es el de un ser indefenso que se cree protegido por estar en el vientre de su mamá y por ser realizado con los métodos más crueles que el hombre ha podido inventar: descuartizamiento, abrasión con inyección salina, parto provocado para abrir la nuca con unas tijeras y succionar el cerebro del bebé…

En una generación, nuestra patria ha pasado de rechazar mayoritariamente el aborto a mostrarse ampliamente a favor.
Las castuza es culpable, desde los comunistas hasta el PP y, si me apuran, aún más estos últimos porque el mayor rechazo al aborto se daba en el electorado de centroderecha.

El PP emprendió la vergonzante tarea de convencer a su electorado de las «bondades» del aborto. Y lo han conseguido. Con el concurso inapreciable de presuntas organizaciones próvida que en realidad no son sino organizaciones pantalla del PP.

Más de un millón de niños han sido legalmente asesinados bajo gobiernos del PP.

Pues bien, a pesar de esta palmaria realidad que es absolutamente innegable, el Sr. Mayor Oreja nunca ha tenido ningún empacho en presentarse como un defensor de la vida. Ningún recato en presentarse como un firme luchador por la dignidad humana.

Es uno de los casos más flagrantes de impostura política ya no sólo en nuestra patria sino en todo el mundo. Sin duda, el arquetipo de democristiano más notable de la historia de esa aciaga ideología.

¡Cuántas entrevistas en medios afines a la mayor gloria de este embaucador! ¡Cuántas participaciones en manifestaciones «por la vida» convocadas por sus organizaciones pantalla y únicamente, por supuesto, cuando gobernaba el PSOE! ¡Cuántas fotos con miembros de la conferencia episcopal para que el engaño a los católicos fuera completo!

Nada casualmente esas declaraciones y esas fotos se producían siempre en momentos clave para el PP por el riesgo de pérdida de parte del electorado. Mayor Oreja fue (y es) el «poli bueno» del PP que tranquilizaba a las señoras de misa dominical cada vez que la ley del aborto se volvía más permisiva. Como también era (y es) el «poli bueno» para tranquilizar a la franja más patriota del PP cada vez que su partido cedía parcelas enormes de soberanía a los sepaRATAS.

Ahí estaba Jaime con su carita de niño bueno asegurando que el PP estaba en contra del aborto ¡al mismo tiempo que más de 200 niños eran masacrados al día con el acuerdo de SU gobierno! Ahí estaba Jaime para asegurar que el PP era el mejor defensor de la unidad nacional al tiempo que SU gobierno cedía al PNV y CiU más competencias de las que nunca pudieron imaginar. Y ahí estaba Jaime asegurando que el PP acabaría con ETA cada vez que se soltaban asesinos etarras por la puerta de atrás de las prisiones.

El último (por el momento) timo en el que se ha embarcado este vendedor de crecepelo barato se llama «Uno de nosotros» («One of us» en su denominación en inglés).

Ese enésimo intento para seguir adormilando conciencias fue una iniciativa ciudadana a nivel europeo que logró reunir 1,7 millones de firmas en más de 20 países para pedir a la Unión Europea (UE) que no financie investigaciones con células madre embrionarias. Después se ha convertido en federación de asociaciones que tiene como objetivo pedir a las instituciones comunitarias la protección del ser humano desde su concepción, evitar la destrucción de embriones en los programas de investigación financiados por la UE y evitar que en la cooperación al desarrollo europeo se produzcan apoyos al aborto.

Además del ínclito Jaime, encontramos en esa organización a los yunqueros y otros peperos más o menos declarados (HazteOír, Foro español de la familia, Profesionales por la ética…) que desde hace dos o tres décadas engañan a la gente de bien haciéndoles creer que de verdad están contra el aborto, la eutanasia o la manipulación de embriones y que a la hora de la verdad se movilizan entusiastamente para pedir el voto por el partido responsable del mayor número de abortos en España que no es otro que el PP.

Pero, oigan, ¿y si analizamos con detalle las declaraciones de este señor? Pues quizá, como buen democristiano, descubriremos que dice una cosa pero piensa otra. O formalmente dice una cosa pero en realidad está expresando su contraria. Y, así, siempre caerá de pie y, a lo mejor, hasta consigue acallar la voz de su conciencia. Vaya Ud. a saber.

Porque, por más que me he documentado, este señor nunca ha pedido la derogación pura y simple de la maldita ley del aborto en España. Lo que ha pedido es que no se considere al aborto como un derecho o también volver a la ley anterior a la modificación de 2010.

Nunca habla de luchar contra el aborto o la eutanasia sino de «defender la vida» que para algunos es lo mismo pero para este fino encantador de serpientes no lo es en absoluto.

No se posiciona contra la manipulación de embriones. Ni siquiera contra su destrucción. Lo único que pide es que la Unión Europea no financie programas donde se destruyan embriones.

Y, claro, siendo así, él está tranquilo. Hasta puede presumir de coherencia. Y peor para los que piensen que él es el paladín contra el aborto, el enemigo de la eutanasia y el adalid contra la manipulación de embriones. Al fin y al cabo, siempre podrá alegar que jamás defendió tales causas.

Resulta que ahora se despierta este cachondo después de cuarenta años de hibernación y nos cuenta que el centroderecha en España ha estado ausente de la batalla cultural e ideológica por la vida. Bien, hombre, bien está pero ¿y tú dónde estabas cuando había que librar esa batalla? ¿En Marte, en Plutón? Porque escuchándole, habla del centroderecha como si él fuera completamente ajeno a ello. «Pío, pío, que yo no he sido», parece decirnos este individuo.

¡Qué aplomo!, ¡qué caradura! ¡Qué arte para esquivar el bulto y para parecer lo que no es!

Yo no puedo imaginarme ni por un segundo un socio del Real Madrid dirigiendo al F.C. Barcelona, a Ada Colau recibiendo la medalla del mérito al trabajo o a Pachi López con el título de ingeniero industrial bajo el brazo. Son auténticos imposibles. Pues algo parecido es lo que tú quieres hacernos creer, Jaimito. Una verdadera cuadratura del círculo.

Jaime: si has vivido décadas en el espectro ideológico del centroderecha ocupando los más altos puestos de confianza en los partidos y en los gobiernos es que asumes, compartes y defiendes su programa y su actuación. Es lógico y normal. Y si no, en caso de desacuerdo grave, la solución es marcharse. Porque si nos fiamos de lo que parece que dices, los desacuerdos son numerosos, de gran magnitud y en temas fundamentales.

Lo que no se puede hacer es repicar y estar en la procesión o estar al plato y a las tajadas. Y eso es precisamente lo que tú quieres hacernos creer.

Si no lo has hecho es pura y simplemente porque tus desacuerdos no lo son. Es pura y simplemente porque estás representando una farsa. Porque mientes.

Jaime: eres un mentiroso. ¡Quítate ya la careta!

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