Juan Pablo Colmenarejo

La España inacabada

La España inacabada
Juan Pablo Colmenarejo. PD

El actual Gobierno Foral de Navarra es sectario por definición. Sólo gobierna para una parte de la sociedad navarra, excluyendo a quienes defienden la Constitución, el fuero actual y la convivencia entre las dos culturas. La derogación de la Ley de Símbolos para que la bandera de la comunidad autónoma vasca pueda ondear en las instituciones navarras es una señal inequívoca.

Geroa Bai, un grupo satélite del PNV, más la marca electoral de ETA y los antisistema de Podemos e Izquierda Unida atacan directamente al marco de 1978. Saben que Navarra guarda en su interior a la España inacabada con la posibilidad constitucional de un referéndum de anexión al País Vasco.

Siempre fue un objetivo del nacionalismo, y por supuesto de los etarras, la inclusión del territorio navarro en el vasco. Las víctimas de ETA en Navarra lo fueron por mantenerse leales a la democracia que cumple dentro de unos días 40 años.

Los sucesivos gobiernos autonómicos navarros, muchos de ellos de gran coalición o parche entre UPN y los socialistas, trataron de contemporizar el avance del nacionalismo vasco incluso subvencionando la enseñanza del euskera en toda la comunidad, también en el sur, en la Ribera de Navarra.

Políticos de medio pelo salvaron su pellejo con decisiones buenistas que con el paso del tiempo han servido para desalojar a los partidos constitucionalistas del poder foral.

Generaciones enteras han crecido formadas en la exclusión de todo aquello que no sea el vasquismo nacionalista e independentista. La identidad propia de Navarra, que incluye el respeto a la cultura y la lengua vascas sobre todo en el norte y en el centro de la comunidad, fue defendida con lo políticamente correcto para salir del paso, dejando para otros el problema futuro hecho presente.

La consecuencia es que con la llegada al poder de Uxue Barkos de la mano de proetarras y podemitas -algún día el CIS explicará por qué era tan valorada como diputada en el Congreso-, la balanza se ha inclinado y excluyendo.

Los que salieron ayer a la calle tratan de frenar lo inevitable si la actual coalición de gobierno se mantiene después de 2019 y continúa con el borrado de todo lo que huela a España y a la Constitución de 1978. Pero el panorama político nada ofrece. UPN no respira tras perder el poder asolada por los escándalos de corrupción.

El PP navarro es un partido marginal y los socialistas -Sánchez ha arrasado en Navarra en las primarias- navegan entre las dos aguas tentados con el arrimón al independentismo vasco con tal de cumplir el obsesivo objetivo sanchista de echar a la derecha.

La coalición antisistema tiene su plan: poner la ikurriña en el balcón, echar a la Guardia Civil de una paliza y llevar a Navarra hasta la puerta constitucional del referéndum, aumentando la cultura política necesaria para ganarlo. Llegado el momento, más de uno pondrá cara de asombro en la meseta cuando la petición cruce el Ebro a su paso por Tudela.

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