Víctor Entrialgo de Castro

El entrenador «de gol» que se creía De Gaullle

El entrenador "de gol" que se creía De Gaullle
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

Entre miles de sombreros panamá, viendo a nuestro D’Artagnan Nadal, ganar la décima copa de los mosqueteros en Paris parece que se sobrelleva mejor el calor, el bochorno y la vergüenza que nos produce lo que está pasando.

Desde Paris, alzando un poco el ala del jipijapa, que no está hecho en Panamá sino en Cuenca, que no es de España sino de Ecuador, se atisba un Partido Popular y un Presidente Rajoy que frente al goteo de la corrupción no han enarbolado como debieran la bandera de la regeneración para enfrentarse a los corruptos y demás enemigos de España.

Por eso el Pp es responsable en gran medida, aparte Zapatero y Sanchez de que separatisas y un montón de hippies trasnochaos liderados por el cinismo de un aspirante a Presidente con coleta, siguen distrayéndonos de lo importante. Cuesta trabajo imaginar que ningún país quedase en manos de esta cuadrilla de atrevidos bronquistas que juegan en el Parlamento al parchis, al monopoly y al nuevo rompecabezas diurético que han diseñado para que España adelgace.

Después del año que Sanchez nos hizo perder, Iglesias diseña ahora una moción de censura para que España siga perdiendo el tiempo y la marioneta de Mas convoca el referéndum prohibido. Como no llevan jipijapa, les ha dado un golpe de calor y confunden el culo con las témporas, el matrimonio con la independencia. Y puestos a confundir las instituciones privadas con las públicas, ha recitado que no sube al altar, cuando el que no quiere negociar, no quiere convivir, no quiere compartir, lo quiere todo y quiere la «absoluta» independencia, no se casa.

El que quiere la casa, que no es de él, los niños que son comunes, el coche pagado a medias y el apartamento en la playa no quiere un Convenio regulador quiere una ruptura, que necesariamente no será una solución y acabará en conflicto.

Y como fin de fiesta del referendum prohibido el número de Guardiola , el entrenador «de gol» que se creíá De Gaullle.

Y uno no acaba de entender que el Gobierno y el Fiscal General del Estado sigan la loable pero ineficaz estrategia de soltar cuerda, llamando deseos, anuncios y declaraciones a lo que a todas luces es una convocatoria que de por sí, haya sido firmada o no, con o sin fraude de ley, debiera tener consecuencias legales, porque alguna vez habrá que hacer algo distinto para que suceda algo distinto y porque así lo prevé nuestro ordenamiento constitucional y penal.

Resulta evidente que los separatistas están provocando la reacción dura del Estado para que haya algún incendio del que sacar provecho ganando adeptos y victimismo, pero no tienen siquiera el valor de firmar la convocatoria. Qué líderes son estos que no quieren arrostrar las consecuencias de sus actos.

Pero no menos palmario resulta que hasta que el Estado, blandiendo el ordenamiento no haga demostración de su legítima autoridad, -la que sea de entre las previstas,- algunos seguirán llorando y pidiendo infantilmente la bolsa y la luna.

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