Cristóbal Valladolid

El error de Amancio

El error de Amancio
Cristóbal Valladolid. PD

Amancio Ortega ha ofendido a la «gente», su donación a la sanidad española de más de trescientos millones de euros en equipo, les ha humillado, ¿Cómo va a ofrecer caridad al Estado un fabricante de pantalones?, «el Estado soy» yo dijo, Luis XIV de Francia, El Rey Sol. Pero ahora las cosas han cambiado, el Estado es la «gente «y la «gente» es Podemos. ¿Cómo va Amancio Ortega a poner dinero y dejar en ridículo a los que no ponen nada?.

Al Estado no se le da nada, el Estado coge lo que quiere, de los ricos y de los menos ricos y se lo da a los pobres, como hacían los bandidos generosos, y también a los políticos que aunque no sean pobres, de algo tienen que vivir porque a trabajar no les han enseñado.

Amancio Ortega se ha equivocado creía que se lo daba a la gente y no se había dado cuenta que la «gente» es Podemos, y Podemos no va a aceptar este tipo de humillaciones.

Yo personalmente creo que quien da, tiene como mínimo derecho a que se le reconozca y le den las gracias. Pero claro, el problema está en que quienes manejan el Estado, son personas asalariadas; muchos de ellos, pero otros no, han luchado por una plaza en la organización que les garantiza un sueldo cada mes, y han conseguido un empleo seguro de donde no te pueden despedir a no ser que hagas una barbaridad muy gorda. Nada tengo que objetar, cada cual elige su forma de vida. Si puede.

Pero eso de los salarios seguros tiene un problema y es que si bien uno sabe y está seguro de lo que le ingresarán a final de mes, también y por la misma razón, sabe y está seguro de lo que nunca va a tener, y como es natural, le frustra el ver que haya algunos que tienen todo lo que quieren; es el precio de la seguridad.

Veamos a Amancio Ortega, si en vez de ponerse a hacer batas en el comedor de su casa con su mujer, se hubiese buscado un empleo en el ayuntamiento, quizás hubiese conseguido una placentera vida con un sueldo fijo y seguro, y podría incluso haber sido más feliz que ahora de ser cierto el proverbio de que el dinero no da la felicidad.

Le podría haber pasado lo que a la mayoría de los que montan negocios, que se embarcan en una aventura y después de un tiempo, con la «ayuda» del Estado, lo tienen que cerrar sin haber cobrado jamás un sueldo, y perdiendo el piso familiar que pusieron de garantía para conseguir el dinero de la inversión, y de paso, el piso de quienes les avalaron frecuentemente los padres o los abuelos.

Como ha triunfado, ahora resulta que es malo; lo justo sería quitarle el dinero y poner sus fábricas y sus tiendas para que las administren asalariados públicos de lunes a viernes, con horario de 8 a 17:00, y una hora para el almuerzo, y lo que se gane, que se reparta entre la gente.

Lo malo es que este sistema en vez de producir riqueza, produce colas en los supermercados, como ya se ha visto en otros lugares.

Si al hombre que después de dar trabajo a 153000 personas, pagar sus impuestos de más de diez cifras en España pudiendo haber domiciliado su multinacional en cualquier otro lugar del mundo, donde se paga la mitad, si Amancio Ortega, continúo, comete el «error» de dar más de trescientos millones al Estado, hay que ser indulgente y no criticarle.

Y es cierto que ha cometido un error, porque no se puede dar a organizaciones en las que campan algunos que creen que el triunfo empresarial, la creación de riqueza no debe ser recompensada.

Amancio: mientras esos estén ahí, no de su dinero al Estado, déselo a quien se lo agradezca: Cáritas, San Juan de Dios, Médicos sin Fronteras, a cualquier otra organización en la que no campen demagogos y donde le van a estar eternamente agradecidos por esas valiosas maquinas para la lucha contra el cáncer.

Y le llamarán filántropo, no como esos que como se limitan a coger no saben apreciar el valor del éxito por el esfuerzo.

No es broma

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