Jaime González

La Tigresa asesina sale de prisión y lo peor no es eso

La Tigresa asesina sale de prisión y lo peor no es eso
Jaime González (ABC). PD

Idoia López Riaño, cabecilla etarra apodada «La Tigresa», se ha pasado veintitrés años en la cárcel, mucho tiempo si no fuera por el pequeño detalle de que asesinó a veintitrés personas.

Las víctimas recurren a una sencilla operación para justificar su rabia (de un tiempo a esta parte en España -tristemente- las víctimas tienen que justificarse porque su dolor ya no sirve de argumento) y dividen el número de asesinatos por los años que ha pasado en prisión.

El resultado es uno, como uno sería en el caso de que dividiéramos el número de años que pasó en la cárcel entre veintitrés muertos. Siempre sale uno. A año por muerto o a muerto por año, lo que para los familiares de las víctimas es un tiempo humillante, una muestra de la indecencia moral de un Código Penal que ofrece atajos al verdugo.

Sería sencillo ponerse en su lugar, tan fácil que lo que resulta aterrador es que la salida de Idoia López de prisión se haya producido en medio de una doliente indiferencia. Porque por mucho que el tiempo de condena de «La Tigresa» no haya guardado proporción con sus actos criminales, lo peor no es eso, sino lo rápido que en España hemos reseteado la memoria para poner a cero el contador de la infamia y el espanto.

Si los 23 años que Idoia López ha pasado en la cárcel me parecen insuficientes, más grave aún me parece el hecho de que hayamos tardado tan poco en olvidarnos de los muertos que entonces lloramos como nuestros. Por desgracia, hoy ya no son tan nuestros. Su recuerdo emerge envuelto en polémicas puntuales, en momentos concretos, casi siempre a raíz de noticias que tienen que ver con casos como el que hoy alumbra este breve comentario.

Sería hipócrita denunciar la permisividad del Código Penal y no poner el acento en la permisividad del código ético de una sociedad que ha decidido pasar página y envolver el recuerdo de sus muertos bajo la manta extralarga del olvido.

Para que no molesten, los hemos confinado en el rincón oscuro del recuerdo. Despojos sin honra, restos. ¿Qué duele más, que Idoia López Riaño, con veintitrés muertos a sus espaldas, haya pasado solo 23 años en la cárcel, o que hayamos tardado 23 horas en abdicar de la decencia?

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