Víctor Entrialgo

La vuelta al mundo con 80 escaños

La vuelta al mundo con 80 escaños
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

No pude ni quise ver el show. No conozco en todo el mundo un Presidente con coleta. No es una valoración subjetiva. Es que no lo hay. Ni uno que se ponga o quite la chaqueta y corbata según pretenda la atención, qué otra cosa puede perseguir una personalidad con semejante narcisismo primario, secundario, terciario, y en sus ideas cuaternario, para el que Freud tendría que pedir dedicación exclusiva, con la moción de basura como corriente que le ayude a levantar de nuevo el globo en el que pretende la Vuelta al Mundo con 80 escaños y su secretaria Irene Passpartout, cuya altura ha descendido alarmantemente.

Es cierto que hemos conocido algún Presidente y varios candidatos que para llegar al poder no han dudado en vender España a los separatistas. Pero a ninguno que para no dar un solo número utilice casi más horas que Fidel, ni a político mundial cuyos referentes sean Maduro e Irán. Daria miedo si no diese risa. Tampoco a ninguno que cuestione la financiación de otros cuando la suya está proporcionada por potencias extranjeras. A ninguno que cuestione los casos de corrupción de una organización política que con la alternancia del Psoe ha dirigido España durante décadas, cuando la suya, acabante de asomar al poder y siendo 80, ya tiene un montón de casos sobre la mesa.

Un lobo de sonrisa cínica. Eso es Iglesias. Se ve en los planos de cerca. Lo demás es cuento. Desde Julio Verne pasando por Perrault, porque Iglesias es el lobo disfrazado de Caperucita acechando a sus presas en el Parlamento. Un lobo de sonrisa cínica con la dentadura sin arreglar secuela de las últimas piezas cobradas.

La moción de la basura de la corrupción que todos conocemos y hemos encomendado a los jueces ha proporcionado a Fogg y a Passepartout «la ocasión de prorrumpir en un juego de palabras atroz, quizá inédito.» En él Iglesias, un profesor de segunda que ha trabajado en su vida menos que los Reyes Magos, que trabajan sólo un día y además es ilusión, se ha permitido indignamente reprochar a Rivera que no sepa pronunciar Camus en francés cuando él, aparte de llevar dando la lengua y aburriendo a la ovejas todo ese tiempo que ha estado conspirando en lugar de enseñando, ha demostrado ser un ignorante redomado.

Él que quiere poner España patas arriba, ignora que en Andalucia no hubo un proceso de autodeterminación ni una votación para quedarse en España sino una manifestación para reivindicar su carácter de nacionalidad histórica, que el Gobierno de la UCD sólo había reconocido a las que la tenían ya durante la República.

Cuando un populista de éstos pretende aprovechar el malestar social que vive la economia, el mundo y el país para mandar, da miedo, pero si encima es una pareja de egos, de ambiciones, de reparto de rivalidad la que acecha el poder, no quiero ni pensarlo. Evita y Peron, Kichner y Cristina, y ahora Irene y Pablo.

Aunque haya hecho el ridículo, perdido el tiempo de los españoles y soltado zarpazos para la galería de su manada mientras acecha al PSOE, el lobo sigue disfrazado de abuelita por la carrera de San Jerónimo y sigue pretendiendo dar la vuelta al mundo con 80 escaños.

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