José María Carrascal

El dilema del PSOE

Lo que estamos viviendo en España no es ningún cuento. Es la historia de siempre en todas parte

El dilema del PSOE
José María Carrascal. PD

LA pregunta del día, de la semana, del año es ¿se entenderán PSOE y Podemos? De la respuesta dependerá la entera política española. La que dio el nuevo portavoz socialista en el Congreso, José Luis Ábalos fue más gallega que castellana: puede.

«Estamos, dijo, dispuestos a construir mayorías alternativas para desmontar las políticas injustas del PP».

Para luego acusar a Iglesias de impedir ese entendimiento hace un año y de presentar su moción de censura a destiempo. Iglesias no cabía en su gozo. Sólo le faltó besarle las manos. Lógico: paliaba el palizón que acababa de sufrir.

Difícil el dilema del PSOE. De Pedro Sánchez, concretamente. Por un lado, tiene a un Rajoy crecido por la marcha de la economía y sus victorias parciales. Por el otro, tiene un Iglesias rabioso al no tener la razón ni los votos.

Por cierto, Iglesias dio en la última jornada del debate la mejor interpretación de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Irascible, buscando la yugular, con Rivera. Meloso, zalamero incluso, con Ábalos. Hasta que le salió la vena asesina hacia algún socialista, que Ábalos le reprochó, provocando sus disculpas.

Hay que temer más a ese Iglesias untuoso, servicial, «con toda humildad» es su frase favorita, que al colérico. Sánchez lo sabe, como sabe que su primer objetivo es hacer con el PSOE lo que hizo con IU: deglutirlo.

Pero Sánchez necesita recuperar los votos que Podemos le ha robado, y eso sólo puede hacerlo desde la izquierda. Ahora bien: a izquierdista no va a ganar a Iglesias. En cambio, se aleja del centro que es, pese a todos los pesares, desde donde se ganan las elecciones. ¿La sartén o el fuego?

La lucha en las próximas semanas y meses va a estar dentro del PSOE. Tiene que elegir entre la alianza de izquierdas ofrecida por Podemos para derribar al gobierno del PP o recuperar el centro izquierda que tanta gloria les dio, pero hoy de capa caída. Como tantas veces en su larga historia, el corazón le tira a lo primero, la cabeza, a lo segundo.

Pedro Sánchez tiene la palabra. De momento, da la impresión de querer las dos cosas al mismo tiempo, viendo la actitud sumisa de Iglesias que ha espolvoreado las garras con harina para disimular, pero no puede ocultar los colmillos «para comerte mejor», como en el cuento de Caperucita.

Lo que estamos viviendo en España no es ningún cuento. Es la historia de siempre en todas partes: en cuantos pactos de izquierdas ha habido, se han impuesto los comunistas, aunque sean menos, sobre «esos lacayos del capitalismo» como llamaba Lenin a los socialistas, antes de que estos se dieran cuenta.

Sánchez y Ábalos, de momento, parecen preferir hacer al amor, o al menos manitas, -¿vieron el estrechón a tres manos?- y no la guerra. Si es así, tendrá que ser amor de los puercoespines: con muchísimo cuidado.

Por favor, no vean en la metáfora la más mínima intención machista. El amor siempre hay que hacerlo con cuidado.

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