Apuleyo Soto

Irene, la bella novia de Pablo, se inmola y moja en el altar del congreso

Irene, la bella novia de Pablo, se inmola y moja en el altar del congreso
Apuleyo Soto. PD

Si hay pozo y existe poza
¿por qué no llamar a Irene
la muchacha portavoza
de Podemos, si conviene
y así lo pide la moza
feminista hasta el extremo
cuando a gritos se entretiene,
se regodea y reboza
con su macho Alfa supremo?

Es verdad que Irene es paz
según la etimología
¿pero qué quiere esta tía
deslenguada o lenguaraz
si no imponer su verdad
-la de su feligresía-
con un tono montaraz
que es pura palabrería
y gesto verde y agraz?

«Qué vergüenza, qué vergüenza».
repite desde el estrado
que al asalto se ha tomado,
trenza que trenza que trenza
la corrupción del estado
con enorme desvergüenza.
¿Es que ella no se avergüenza
del gallo que tiene al lado?
Pues no, que va y recomienza.

Hartos los del banco azul
-que al fin y al cabo gobierna-
unos cruzan la entrepierna,
otros leen, y un gandul
poco a poco va y se interna
igual que un fraile paúl
en el enredado tul
de la Celia fiel eterna
que dura más que el pladur.

Si Irene Montero fuera
esa mujer de bandera
que jalean en Podemos,
habría de llorar menos,
mantenerse más entera
y con los nervios serenos.
De esa y no de otra manera
la bancada derechera
le haría caso a sus trenos.

Fracasó, pues, la moción
censora a los populares.
A ver si en otra ocasión
se le alían más «compares»
que no sean de aluvión
como Bildu y el Tardón,
separatistas cervales
de la indivisa nación.
¡Adiós, chavala, chavales!

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