Jaime González

La banda de la SGAE: Tócala otra vez…

La banda de la SGAE: Tócala otra vez...
Jaime González (ABC). PD

Puertas afuera de ese ámbito sociológico que eufemísticamente llamamos clase media, ancha es Castilla. Más allá de las cuatro paredes en las que habitan quienes viven de una nómina rebanada por Hacienda, ancha es Castilla.

Extramuros del agujero donde se agolpan quienes no reciben ayuda, subvención o mamandurria alguna del Estado, ancha es Castilla. En España hay que ser suficientemente pobre o suficientemente rico para mamar de las ubres del sistema, bien por defecto o por exceso, porque ancha es Castilla por los bordes y muy estrecha por el centro.

Entre las prebendas del ala sur y el fraude y la corrupción del ala norte, son los del medio quienes soportan el peso muerto del país, porque por arriba y por abajo, ancha es Castilla.

La última banda sonora de la corrupción la ha compuesto un grupo de «músicos» de la SGAE que tuneaba melodías ajenas y se las vendía a las televisiones para amenizar las madrugadas.

Bazofia para brujas, pitonisas, videntes, cartomantes y demás elementos y elementas de esa rueda de truhanes nocturnos que ha servido para que algunos cuadraran el círculo.

Dinero fácil bajo la luz de una luna casposa, pero llena para los bolsillos de esa banda de tahúres de la Sociedad General de Autores, acaso la institución menos transparente de España, un Juan Palomo que se lo guisa y se lo come ante un Estado ciego, sordo y mudo como los monos del santuario de Toshogu.

Si la SGAE no es una institución pública, sino una organización privada que cobra un canon -con criterios discrecionales- por los derechos de autor, ¿quién controla y fiscaliza al gran controlador? ¿A quién le rinde cuentas?

Aquí defraudan todos menos los que no pueden defraudar, porque Hacienda es muy mirada con los que pagan la fiesta. El resto, ancha es Castilla: defraudadores de cuello blanco, de cuello negro, de cuello vuelto; regateadores del fisco en camiseta de deporte o de tirantes.

Políticos, banqueros, futbolistas de postín, músicos de tres al cuarto y mantenidos del sistema se lo están llevando crudo mientras los que no son suficientemente pobres ni suficientemente ricos -¿quién dijo que en el centro está la virtud?- aprietan el trasero y dan pedales. Ancha es Castilla.

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