Santiago López Castillo

Vanitas, vanitatis

Vanitas, vanitatis
Santiago López Castillo. PD

Ha entrado por la ventana sin romperla ni mancharla. Es como un rayo de sol. Lleva la misma indumentaria de cuando era -y seguirá siendo- vendedor de la planta de caballeros de El Corte Inglés. Ha hecho la purga, como debe ser, o sea, con el rencor arrancado del pecho, oxidado, pero con menos escandalera que la otra vez. Mi vecino, socialista redomado, anda satisfecho, lo veo a través del seto, porque a su jefa, la que fue ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, la han nombrado presidenta de los socialistas de Madrid y de medio mundo. La que me quitó mi programa de la 2 «En Verde», en defensa del medio ambiente y los animales, absolutamente didáctico y sectario, ella, sólo para los socialistas.

Aun con voz queda, el tal Sánchez ha asomado la gaita pero no ha dejado de arremeter contra Rajoy y el PP. Es un tipo ocurrente, deduzco. Y luego esa retahíla de la España «plurinacional», «federal», «social», a por los ricos, vivan los pobres, la misma cantinela que Pablo Iglesias el malo. Aquí, si viene el egocéntrico, vamos a ser plurimachos y plurigilipollas. Ha sacado esa denominación para contentar a los nacionalistas, a toda esa caterva de ilegales que se pasan la Constitución por el forro de sus caprichos. Siempre tendréis a Sánchez, discípulo cum laude de Zapatero, el de la nación de naciones, concepto discutido y discutible. Claro que el manjar no se ha hecho para la boca del asno, con perdón de los pollinos.

Ya está con los Podemos e independentistas (sin descartar a Ciudadanos que siguen regenerando el mundo y siempre dispuestos a darle una patada a Rajoy al que llaman un «ocupa» en la Moncloa). Continúa soñando, el tal Sánchez, con ser presidente o reina por un día. Moción de censura, reprobaciones, desgastes en suma. En sus días de reinona socialista, el gerifalte de Ferraz, el que de vez en vez, ha ido perdiendo las elecciones con su partido, ha mencionado el palacio de la Moncloa tropecientas mil veces. Sueña con la poltrona, rica, rica.

Aunque no se note, el miedo, además de libre, invita a la prospección de las madrigueras. Siempre oí que el mayor enemigo está dentro del partido. Pero en cuanto lleguen las autonómicas, las alabanzas se tornarán en lanzas. O si no, al tiempo.

Dijo Plutarco: el odio es una tendencia a aprovechar todas las ocasiones para perjudicar a los demás.

PD.- El abanderado que sacó la bandera de España de forma tridimensional, se limitó esta vez a la republicana, el puño y la rosa. Es un «plurinacional» por si no se sabía. El PSOE no cambia.

Ni una bandera española

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