Ignacio Camacho

El marianismo en el sillón del dentista

Más que investigación será una requisitoria sumarísima. Al PP todo debate sobre corrupción se le hace cuesta arriba

El marianismo en el sillón del dentista
Ignacio Camacho. PD

EN España las comisiones de investigación no investigan. Se limitan a hacer desfilar a una serie de comparecientes y someterlos a pedestres interrogatorios salpicados de comentarios para la galería.

La mayoría de los diputados que las componen carecen de preparación jurídica y el estudio de documentación compleja les produce una pereza infinita. En general y salvo excepciones se trata de meras pasarelas de testigos que suelen conocer los casos mejor que sus señorías.

No faltan parlamentarios inteligentes que formulan preguntas perspicaces, pero suelen tropezar con la dificultad de que los interrogados bajo proceso judicial se acogen al derecho de la cautela defensiva.

Fuera del rendimiento mediático y de las estrategias de abrasión política, sus sesiones conducen a muy pocos hallazgos y sus conclusiones, pactadas según la correlación de fuerzas, provocan una estéril sensación de melancolía.

La de la financiación irregular del PP no tiene otra finalidad que la de acentuar el desgaste del Gobierno, al que todo debate sobre la corrupción se le hace desabrido, indigesto.

Hay demasiadas tramas irregulares en su entorno y demasiadas evidencias de complicidad, connivencia o encubrimiento. Para los dirigentes marianistas, una comparecencia de este tipo es como una visita al dentista, de la que rara vez se sale ileso.

El simple hecho de declarar ya los sitúa en un plano de sospecha, en un marco mental adverso. La oposición sólo tiene que disparar a bulto, sabiendo que juega con ventaja aunque no descubra nada nuevo.

Este 26 de junio de 2017, ante un Bárcenas duro de pelar, impenetrable y arrogante como acostumbra, los comisionados dejaron claro que su objetivo es el presidente.

Un año justo después de que ganase las elecciones repetidas comenzó para Rajoy la demostración de que su mayoría es mucho más precaria de lo que parece. Ahí no cuenta con un solo aliado; antes al contrario va a haber cola para atizarle donde más le duele.

La palmaria agresividad de Ciudadanos le dejó patente que no tiene parapeto en el que guarecerse.

El guión está escrito de antemano: aprovechar la indefendible lacra del marianismo para arrastrarlo en su propio fango.

Bárcenas, que hizo la estatua, se dio bien pronto cuenta de que no iban a por él, que al fin y al cabo ya está en manos de la justicia y políticamente amortizado.

El diálogo de sordos de la sesión prefigura un ritual destinado a propinar al Gabinete una manta de palos; hasta el representante de Bildu se permitió dar lecciones de honestidad ante un testigo impávido.

Es una oportunidad tan flagrante de machacar al PP en su flanco más débil que los rivales no piensan cerrar el calendario.

Si pueden, llegarán a las próximas elecciones con la comisión abierta para crujir a Rajoy a bastonazos.

Más que una investigación va a ser una requisitoria sumarísima pero el presidente ya lo sabía cuando aceptó la investidura a cambio.

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