Federico Jiménez Losantos

Rufiáñez

Rufiáñez
Federico Jiménez Losantos. PD

sa ameba intelectual llamada Rufián, con el cerebro más recortadito que la barba, lleva a cuestas en su apellido una justa venganza poética de la lengua española contra uno de sus maltratadores, que se vendió a la ERC como castellanohablante renegado y separatista. Era falso, pero da igual: cada vez que oímos «Rufián», el juicio semántico nos ahorra el político.

En cambio, hay que traducir a Lupiáñez, alcalde de Blanes, última encarnación del charneguismo servil que a finales de los 70 entregó el PSUC de Francisco Candel y Vázquez Montalbán a Pujol como mano de obra barata para la construcción de la Nación Catalana.

Se hizo a costa de la aculturación y desespañolización de dos millones de inmigrantes del resto de España, sobre todo del sur, destinados por el comunismo psuquero y portabellero a que, como charnegos agradecidos, ofrendasen a sus hijos en el ara sacrificial de la inmersión y, a cambio del fracaso escolar, fueran aceptados en la Tribu mediante el periódico exorcismo de su sucio origen.

En la dictadura nacionalista catalana que financian Rajoy y Montoro, sólo cabe hablar español si es para despreciar a España.

El resto es servidumbre. Al proclamarse danés frente al Magreb familiar, el alpujarreño Lupiáñez o Rufiáñez se retrata como magrebí, pero lo asume, se humilla, y en el PSC, prospera. La raza superior de Junqueras (su ADN es más francés que magrebí, dice) acepta a su servicio razas inferiores si vienen recomendadas por Can Iceta.

Por cierto, la banda de los rufianes anuncia uno de esos rituales de exorcismo que, como quemar libros o desenterrar cadáveres, identifica a las tiranías. Pretende conmover a la feligresía del Sant Trespercent, que anda muy desmotivada con el neverendúm, everéndum o yoqueseréndum y no sabe muy bien qué hacer este verano.

Supongo que se llamará Espanya ens encarcela, o así, y se vale de la Modelo y de la represión allí sufrida en el último siglo por catalanes eminentes… por supuesto, a manos de otros catalanes, aunque dirán que magrebíes.

Como el último fue Albert Boadella, por La Torna, deberían pedirle que explique el acto a la canalla, que así llaman en catalán a la chiquillería, y repartir como programa de mano su último artículo, que resume a la perfección el régimen carcelario de los rufianes (Boadella machaca a ‘Cocomocho’ y sus gérmenes separatistas en una magistral tribuna en Le Monde).

Rufiáñez atenderá los lavabos.

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