Jafet Barreto

Nos vamos a la deriva

Nos vamos a la deriva
Jafet Barreto.

Arrancaron las vacaciones de nuestros parlamentarios y, dada la situación, tenía confianza en que llegaríamos a esta tesitura con una España que vislumbrara otro matiz completamente contrario al actual, en la que se predicara menos y se actuara más, se pusiera punto y final a algo tan básico y que no debe tener cabida en el ejercicio de la función pública, la corrupción y, que como mínimo, ante los desafíos presentes, la adversidad, se remara en el mismo sentido por parte de todos los que componen y tienen el honor de «dirigir» el destino de nuestra gran nación. Pues no, visto lo visto, iluso de mí, en la España actual lo más básico, lo más primordial, sigue siendo incansable, imaginable e inabordable por parte de la clase política.

De esta manera, muchos afrontamos el periodo estival con más preocupación, desde luego, que la que han mostrado, hasta la fecha, la gran mayoría de nuestros «representantes», sólo deseo que en todo ese tiempo que el Congreso estará sin celebrar sesiones plenarias, dos meses, y en el caso del Senado, dos meses y medio, aunque siendo justos, cierto es que durante julio se reunirán puntualmente unas pocas comisiones, eso sí, puntualmente, sirva para que aclare las «cabezas pensantes» de muchos de ellos y, de una vez por todas, no se arruguen a la hora de defender planteamientos tan básicos como la unidad nacional. Que no cambien de discurso, no naden en la ambigüedad, según venga el caso, como el señor Pedro Sánchez y su «nuevo PSOE», que no sean partidarios de una España de revanchas ni, mucho menos, de leyes de punto final u olvidos del pasado, como están anclados Podemos y el Partido Popular. Y que, desde luego, dejen aparcadas las posiciones inmovilistas, prejuiciosas, tengan más altura de miras y no se conformen con ser una mera bisagra del bipartidismo, como Ciudadanos.

Y es que, a nadie se le escapa la deriva de este barco, un barco en el que navegamos todos y que, por ello, no podemos dejar en manos de los que quieren encallarlo, que tienen todo el afán y seguirán en ese propósito, pasándose la legislación por el «arco del triunfo». Algo hay que hacer, desde luego, ante el desafío catalán… ¿O, no? El conjunto de fuerzas nacionales no pueden esperar sentados a que todo se desmorone definitivamente y, guste más o menos, sólo existe un camino, hacer realidad los principios constitucionales y el que las decisiones políticas sean fruto de un proceso dialogado, razonado y razonable. Ante lo más básico y elemental, no deberían tener cabida titubeos algunos por parte de las formaciones con representación estatal en cuanto al aspecto de la unidad nacional. Por todo ello, ¿aplicamos ya el art.155 en Cataluña o seguimos ganándonos a pulso titulares bochornosos por parte de la prensa internacional?

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