Luis Ventoso

Los Tardigrados

Parece que no hacen nada, pero no hay quién pueda con ellos

Los Tardigrados
Luis Ventoso, Director Adjunto ABC.

CUANDO nadie se acuerde de Donald Trump ni Angela Merkel, ni siquiera de Newton, Shakespeare, Mozart, las pirámides de Egipto, la democracia y las religiones, ellos seguirán ahí a su bola, tan panchos.

Si el liante homo sapiens acaba extinguiéndose porque algún sátrapa psicópata decide suicidarse con una andanada atómica, o porque los deshielos provocan una catástrofe natural apocalíptica, ellos continuarán a lo suyo, vivos y tranquilos en su microscópica molicie de bajo consumo.

Qué fascinante todo lo que han contado esta semana las universidades de Oxford y Harvard sobre los tardígrados, la forma de vida más resistente que habita en la Tierra.

El bicho vive unos sesenta años y es feo y minúsculo (medio milímetro), con ocho patas terminadas en filamentos, una boca que parece la salida de una manguera y un cuerpo que semeja un saco gomoso, inflado y con pliegues.

Mora en el agua o en los musgos y líquenes de los árboles y lo apodan «oso de agua» o «cochinillo del musgo». Cuando los dinosaurios aparecieron, los tardígrados ya estaban allí y también los vieron fenecer.

Se calcula que si se extinguiese la especie humana ellos continuarían por la Tierra unos diez mil millones de años más. «Pueden estar totalmente inactivos treinta o cuarenta años y de repente despertar y decir «¡hola!»», se ríe el biólogo Joseph Seckbach, de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Los japoneses, gente siempre curiosa -¿a quién se le ocurre comer pescado crudo?-, hicieron la prueba de congelar a unos cuantos durante treinta años. En efecto, se reactivaron como quien acaba de planchar la oreja en una siesta vespertina y ligera.

Imaginemos que algún villano descerebrado y excéntrico, tipo el Querido Líder norcoreano, se propone como misión de su vida acabar con los buenos de los tardígrados.

¿Qué hacer para liquidarlos? ¿Someterlos a temperaturas extremas? Agua: soportan calores de 150 grados y fríos de -272. ¿Sumergirlos en la fosa abisal más honda del planeta?

Nada, eso para los tardígrados es como bucear en la charca del pueblo, la presión no va con ellos. Pongámonos drásticos: ¿una bomba atómica? Tampoco: soportan radiaciones centenares de veces superiores a las que matan a un ser humano. Ni siquiera el vacío espacial puede con ellos.

Así lo probó un experimento de la Agencia Espacial Europea, que en 2007 mandó a tres mil de excursión y sobrevivieron doce días. Científicos de Oxford y Harvard acaban de publicar en «Scientific Reports» los resultados de una especulación matemática sobre si un gran meteorito, la explosión de una supernova o los rayos gamma se cargarían a nuestros amigos. Una vez más salieron ilesos. Por lo visto seguirán ahí hasta que se extinga el sol.

Este, por supuesto, es un artículo político. Queda a la inteligencia de cada lector establecer quién es el gran tardígrado de nuestra vida pública. Por lo que me toca, solo digo una cosa: va de cráneo el tal Junqueras si cree que al final le va a doblar la mano…

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