Jaime González

Mariano Rajoy se va por los cerros de Letonia

Mariano Rajoy se va por los cerros de Letonia
Jaime González (ABC). PD

Imagino a los medios afines al soberanismo titulando a toda página: «Rajoy se rodea del Ejército y garantiza que se cumplirá la ley en Cataluña». O «Rajoy se arma y pasa al ataque».

O «Rajoy entra en combate para frenar el procés». O cualquier cosa que se les hubiera ocurrido a las terminales mediáticas del independentismo catalán si el presidente del Gobierno se hubiera referido ayer, durante su visita a las tropas españolas desplegadas en la base de Adazi, en Letonia, al creciente desafío secesionista.

Pero Rajoy, que sabe dónde pisa, pasó de puntillas y se limitó a lanzar uno de esos mensajes imposibles de prestarse a equívoco: «Contribuís a una Europa más segura», dijo. Nada, absolutamente nada que pudiera malinterpretarse.

De la proverbial prudencia del presidente del Gobierno cabía esperar que su respuesta se fuera por los cerros de Letonia. ¿Hizo bien Rajoy esquivando el asunto o debería haber dicho algo pese a que el contexto de su visita -un destacamento militar español- habría sido utilizado por el soberanismo catalán como sedicente argumento victimista?

Planteo la cuestión de otro modo: ¿tenía Rajoy que guardar silencio con la que está cayendo por el hecho de que en las imágenes apareciera rodeado del Ejército? O de manera más directa: ¿hay que evitar a toda costa pronunciarse sobre la crisis catalana en presencia de nuestras Fuerzas Armadas? O ya en plan descarnado: ¿ha conseguido el soberanismo imponernos su estrategia?

Someto al criterio del lector estas preguntas tras constatar que el único consenso unánime que hay sobre el asunto catalán es el de no aplicar el artículo 155 de la Constitución. Es decir, que los partidos que defienden la unidad de España frente al golpe que prepara el independentismo catalán han renunciado de antemano al único instrumento no judicial previsto de manera específica para lo que está pasando.

«Ellos -los independentistas- están buscando desperadamente eso, que entremos al trapo», decía el otro día un miembro del Gobierno. ¿Y? «Pues eso», dijo.

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