Santiago González

Medidas profilácticas en la Cataluña de Puigdemont, Junqueras y compañía

Medidas profilácticas en la Cataluña de Puigdemont, Junqueras y compañía
Santiago González.

La errática carrera del secesionismo catalán hacia la nada está produciendo extraños efectos colaterales.

Por ejemplo, que el diario del Conde, también llamado La Vanguardia, haya ejercido la censura contra un notable colaborador, el periodista Gregorio Morán por una de sus Sabatinas intempestivas que a la dirección del periódico le pareció querellable.

Leí con atención la pieza y no encontré el motivo, aunque tampoco estoy de acuerdo con algunos aspectos del texto de Morán. Por ejemplo, con este párrafo: «Mi viejo amigo el nacionalista vasco Iñaki Anasagasti inventó el feliz término de la Brunete mediática para designar ese macizo de la raza castizo de la pluma y la palabra, que embiste contra todo lo que ni le gusta ni entiende».

El macizo de la raza es un sintagma cuya titularidad ostenta en La Vanguardia Enric Juliana, pero Morán se lo adjudica al colectivo de periodistas, entre los que me cuento, que se atrevió a manifestarse contra el Plan Ibarretxe desde posiciones constitucionalistas. En el momento actual de Cataluña, el propio Gregorio Morán formaría parte de la Brunete mediática, precisamente, por el artículo censurado.

Puigdemont debe desayunar cada mañana el postre que tomaba Meg Ryan en Cuando Harry encontró a Sally para mostrar ese grado de excitación sostenida, aunque en esta ocasión y momento ha encontrado en el presidente del Gobierno algo parecido a una firme determinación de cumplir y hacer cumplir la ley, que es el primer deber de todo gobernante.

El precedente golpista que sufrimos el 23-F tuvo en su resolución un intento de calmar a la fiera con lo que el maestro Umbral llamaría «una manita de yogur en los huevos» y que conocimos como ‘El pacto del capó’.

El joven Sánchez ha hecho suya esta estrategia y llama diálogo a pactar la impunidad con los golpistas. Y una compensación económica, que no es cosa de que se vayan de vacío. Todo pueblo elegido tiene derecho a la condonación de la deuda con su poco de maná.

Lo propuso el gran Ábalos, aunque se lo tumbó en un pispás la brava Margarita Robles. La deuda catalana era, al cierre del último ejercicio, de 75.000 millones de euros, dos tercios de los cuales están en manos del Estado. Pero no diré yo que el secretario de Organización estuviera ayuno de razón ni de precedentes. Condonar no es imponer a un tercero una medida profiláctica.

El PSC, partido-guía de los socialistas españoles, fue beneficiario de una quita por parte de La Caixa, que anotó en la arena de la playa 6,57 millones de euros de los 14,3 millones que los socialistas catalanes le debían desde 1994. Con la vara que midiéreis seréis medidos, ya lo dice el Evangelio de San Mateo y toda precaución es poca.

Rajoy se ha puesto en su sitio y cerrará el grifo del FLA, que un trimestre tras otro tiene como principal beneficiaria a la autonomía catalana. Salvo que la Generalidad demuestre semana a semana que no se gastará la pasta en preparar el objetivo ilegal del 1-O. Ya tocaba.

El presidente ha seguido por fin el gran ejemplo de la maestra de mi pueblo, ya citada en esta columna, que a finales de los años 50 presidía una cofradía de damas piadosas que se reunían los domingos por la tarde con el párroco y evaluaban las necesidades de los más menesterosos.

Alguno de ellos, singularmente un mendigo borrachín, Matiotas, las esperaba a la salida para pedirles la limosna. Doña Josefina negaba el óbolo con tanta piedad como cargada de razón: «A ti, no, Matías, que te lo gastas en vino». Eso que aquel buen hombre jamás se lo habría gastado en urnas.

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