Luis Ventoso

Mariano Rajoy y las resacas de antaño

La escena de este 26 de julio de 2017 en el juzgado fue mala por muchos motivos

Mariano Rajoy y las resacas de antaño
Luis Ventoso, Director Adjunto ABC.

NO hace falta tener un primo segundo en la portería del CNI, ni ser un jabato del periodismo de investigación o un tertuliano omnisciente. Supongo que casi todos los españoles de a pie haremos un resumen similar del problema de la financiación de los partidos.

Cuando arrancó la democracia ese asunto medular se dejó a monte. El control era laxo -o nulo- y cada formación se fue zafando a salto de mata para costear sus campañas y sufragar su estructura orgánica.

Las recalificaciones al calor de un pantagruélico bum inmobiliario y la adjudicación de obras y servicios públicos brindaron a los partidos gobernantes la posibilidad de recibir «donativos» -valga el eufemismo- a cambio de observar con simpatía a ciertos contratantes.

A estas alturas parece innegable que todas las siglas clásicas incurrieron en esas malas prácticas. Ni siquiera las nuevas formaciones dejan de suscitar dudas (véanse los nubarrones chavistas de Podemos). Incluso Ciudadanos, honorable paladín de la regeneración, tiene pendiente contarnos con detalle de dónde sacaron el parné para montar un partido nacional de un día a otro.

A algunos les destaparon el tinglado recaudatorio pronto (el PSOE con Filesa, o la mugre de Convergencia, que sigue saliendo a flote). En otros casos, como en el del PP, se tardó más. La tapa de la olla no saltó hasta que emergieron la Gürtel y la singular noticia de que un tesorero del partido, Bárcenas, había reunido en Suiza unos ahorrillos de 47 millones.

En la peculiar y nerviosa España actual las comisiones de investigación del Parlamento quieren ser tribunales de justicia, mientras que los juzgados se convierten en sesiones de control del Congreso, como sucedió ayer con el presidente del Gobierno, interrogado con claro móvil político por abogados del PSOE y de la izquierda judicial.

Rajoy estaba visiblemente enojado, como delataban sus dedos tamborileando sobre la mesa. Supongo que su enfado atiende a que se siente una persona honrada. Yo también creo que lo es, en el sentido de que doy por seguro que no obró de manera activa para armar las estructuras turbias que alimentaban la caja partidaria.

Sin embargo cuesta creer que una persona de su inteligencia y galaica astucia, con una veteranía de décadas en la cúpula del partido, jamás escuchase tambores de malas prácticas y dineros en negro. Su problema es que si no se percató de lo que se cocía bajo sus pies falló en su deber de vigilancia como presidente del partido, el mismo argumento que ha forzado la despedida de Aguirre.

El PP es hoy vital para España, porque el desbarre del PSOE con Sánchez lo ha convertido en el único partido grande que defiende sin fisuras la legalidad constitucional y la unidad nacional.

Además es la formación más consciente del problema del déficit, vista la verbena contable del resto.

La cura del PP habría sido una cirugía de hierro a tiempo, reconociendo el alcance de la corrupción interna e incorporando un nuevo equipo rector. No se hizo y cada cierto tiempo retornan los malos tragos. «Llevo en la ejecutiva de mi partido desde 1986 hasta hoy», dijo ayer Rajoy en el interrogatorio. Sin pretenderlo, señaló una de las futuras vías de solución….

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído