Santiago López Castillo

Objetivo, la agitación social

Objetivo, la agitación social
Guardia Civil, Benemérita, tricornio. GC

Había indicios suficientes para pensar que se está montando la parda. Y no ha hecho nada más que empezar: huelga de los conductores del Metro; los estibadores, que cobran un huevo; sanadores en marea blanca, también la hay en verde esmeralda; taxistas de Málaga; cagarruteros de Madrid al cielo; y, para colmo, los securatas del aeropuerto del Prat.

No es exagerado decir que el objetivo es la agitación social en toda España. ¿Mentor? Un chico llamado deseo. Atiende por Pedro Sánchez, el de no es no y tiro porque me toca. Ha agitado a las masas este iluminado ser que tira por derecho para azuzar las izquierdas. Me cuentan que con UGT, CC.OO y los esteparios de Podemos está dispuesto a darle la vuelta a España como un calcetín. Por si fuera poco, la Guardia Civil es una banda fascista que se exime del orden y la seguridad. Los independentistas -entre los que destaca el empleado de la planta de caballeros de El Corte Inglés, también conocido por Antoñita la Fantástica- llaman al Benemérito Cuerpo esquiroles y las acciones por poner remedio a un problema, «esquiroladas». Cuando es de obligado cumplimiento mantener el orden público.

No tengo palabras para elogiar la actitud abnegada de estos servidores del Estado. Sin embargo, determinadas actitudes de algunos miembros ponen en duda el recto comportamiento del Cuerpo. Casos como las continuas filtraciones de sumarios judiciales y algunas declaraciones, como las de una asociación de la Guardia Civil provocan algunas sospechas. No es osado decir que durante algunos mandatos del PSOE (Rubalcaba de químico prodigioso) la infiltración socialista en el Ministerio del Interior fue un hecho evidente. El PP, en el relevo gubernamental, no se atrevió jamás a mover una paja. Enseguida eran denunciados desde dentro. Ahí está el caso de Fernández Díaz o «El Faisán», que parece que va a remontar el vuelo, a saber de dónde viene el plumazo judicial.

Se trata ahora de poner patas arriba la nación. El cabecilla es el ambicioso de la Moncloa. Al que le han aconsejado que no abra el pico. Que actúe. Y ahí tenemos a todos los podemitas de la izquierda (nunca con harapos sino bien arropados, niños de papá) montando la parda. Región por región. Porque para eso el iluminado dijo y sigue diciendo que España es «un estado plurinacional». ¿De coma? Sí, de muerte. Entra en el paquete – ahora lo llaman «pat»- de la destrucción de Occidente.

El anti-turismo que estamos padeciendo es una viga lo suficientemente frágil como para que la cuidemos con esmero. Pero se trata de la destrucción de España. ¡Ah!

Recomiendo leer la paz social subida a lomos del proletariado. Pero en comparanza con los pilares de la doctrina social de la Iglesia.

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