Rafael López Charques

Parlamentarios ¡parlamenten!

Parlamentarios ¡parlamenten!
Parlamento español

Sus señorías están de vacaciones durante este mes, disfrútenlas. Todo trabajador tiene derecho al descanso. Espero que lo aprovechen y cojan fuerzas para ese otoño que se presenta bastante complicado. No solo tienen que preparase para las arduas tareas que les esperan.

En mi modesta opinión, deben también, en su gran mayoría (siempre hay excepciones muy honrosas), reconvertirse en cuanto a la forma y el fondo de desarrollar sus ocupaciones, por lo menos cara a los ciudadanos. Merecemos un respeto, dado que nos representan.

Un parlamentario, por definición del diccionario de la Real Academia Española, es una persona que parlamenta, que habla o conversa con otra o con otras.

Si observamos a sus señorías, de hablar prácticamente nada, excepto en contadas ocasiones, y generalmente para faltar al respeto cuando no insultar a otro miembro de la Cámara. Buen ejemplo para la ciudadanía.

Nuestros parlamentarios no parlamentan, se limitan a leer varios folios escritos, supongo por sus asesores (para eso cobran). Encima los leen de caretilla. Es muy difícil distinguir cuando hay un punto, una coma, una frase entre paréntesis; siempre el mismo tono monótono de voz. ¿Sabrán lo que es la entonación al leer? ¿Sabrán que una buena entonación es lo que hace que la gente esté atenta a lo que se dice? No es de extrañar que en las bancadas sus señorías con frecuencia se dediquen a jugar con el móvil, incluso a dormir, y que a muchos nos de vergüenza ajena verlos leer por la tele.

Solo conozco un parlamentario, al que por cierto trato personalmente, que es capaz de hablar media hora o más, sin ni siquiera un simple apunte, de un tema cualquiera, y mantener la atención de la gente. ¿Por qué? Porque sabe hablar en público, sabe parlamentar.

Al comienzo de la democracia había políticos, de diversos partidos, que como él, lograban que se les escuchase con atención, independientemente que se estuviese o no de acuerdo con sus ideas, no leían nada, hablaban largo y tendido, mantenían la atención de la gente y daba gusto oírlos. Estos, salvo la excepción mencionada y quizás alguno más, han pasado a la historia.

Otra cuestión importante. Como apunté anteriormente, los teóricos debates se traducen en la práctica, a la lectura de unos folios escritos por sus asesores. Supongamos que el tema es la agricultura. A uno se los han preparado sobre las acelgas, y al que tiene que contestarle le escribieron con referencia a las lechugas. Las dos son hortalizas, eso es cierto. ¿Resultado? Lee uno, lee otro, y el teórico ejercicio parlamentario se ha convertido en dos malos recitales inaguantables por soporíficos que, con suerte, tienen un más o menos lazo de conexión. En definitiva, en recitales para sordos, por no utilizar otra expresión más popular.

Señorías parlamentarias, déjense de mal leer lo que les preparan sus asesores, aprendan a llevar un guión en la mente y desarrollarlo verbalmente, así podrán contestarse verdaderamente unos a otros, sin conformarse, los dos, a mal leer sobre lo que sea.

Señorías parlamentarias, cumplan con su obligación, parlamenten.

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