José Luis Suárez Rodríguez

La CUPER: los manteros de la política catalana

La CUPER: los manteros de la política catalana
Daniel Fernández y otros dirigentes de la CUP. CP

Los «manteros» instalados en las Ramblas y Avenidas de Barcelona, fluyen «increscendo» silenciosa y arteramente, con apoyos soterrados, y están imponiendo su fuerza e imagen de descontrol social en la obertura turística de la Ciudad Condal.

Se convierten en noticia frecuente cuando organizan peleas callejeras y persecuciones delante de la Guardia Urbana, por sus actividades ilegales de venta incontrolada de artículos falsificados.

Ayer mismo, los manteros de la Plaza de Cataluña -según informa La Vanguardia- agredieron con enorme violencia a los Mossos o Policía Urbana, y huyeron con la mercancía.

En un video de YouTube de 17 de Octubre de 2015, se contempla cómo una banda organizada de «manteros» pone en fuga medrosa a una cantidad respetable de Mossos. Y esto sucede en una ciudad importante de Europa, en la que se cuentan por millares los visitantes de diversas nacionalidades que llegan a disfrutar vacaciones o a gozar de arte y ocio en un rico rincón de España.

Pero estas y otras cosas de Barcelona y de Cataluña se ponen cada vez más difíciles desde que han desembarcado en la urbe cosmopolita los que la opinión pública ya vienen calificando de «manteros de la política catalana»: una horda incívica de militantes de ideología «anti», que actúan al margen de la democracia orgánica o normalizada, y son agresivos en la imposición, consentida, de su bárbara conducta ácrata.

En la capital de Cataluña, la gobernabilidad del Ayuntamiento soporta necesariamente el asedio e imposiciones de la CUP, cuyos ediles persisten en «un cambio radical de la Ciudad», queriendo incorporar las novedades del multiculturalismo, el laicismo, el ocupacionismo, el turismo «socializado», el repudio del orden policial, el fomento del parasitismo urbano, el derribo de los monumentos…

Entre las últimas ocurrencias propuestas están: la «desculturalizacion» de la Catedral de Barcelona, que -dicen- ha de dedicarse a Escuelas de Música Pop y a mercado de «bienes de necesidad natural» (¿?), y también el derribo del monumento a Cristóbal Colón, que -argumentan «es un mal recuerdo de reyes racistas».

¿Es posible que la mentalidad avanzada de una cultura ilustrada y progresista, como fue siempre la de la burguesía catalana: académica, europeísta, al frente de la cultura del libro y de la prensa en español y en catalán, por mor de la politiquería independentista, con ansias de secesión, haya caído tan bajo que se abracen a la CUP como «mercancía de subsistencia nacionalista», lo que significa su propia ruina moral y política? Eso sólo lo explica el «3 %», que propició el declive de Convergencia, el Partido de Pujol y de Mas, que ahora está como «conejo atrapado» para la olla, en la que, si no hay remedio, borbotea rozagante, la CUPER.

La clave de este panorama político catalán es el radicalismo de los ideólogos antisistema, marxistas y podemitas, añadidos al republicanismo rupturista de Oriol Junqueras, Carod Rovira, Alfred Bosch, Gabriel Rufián…, que menosprecian a sus dignos dirigentes históricos Manuel Azaña (IR), Alejandro Leroux (PRR), Josep Tarradellas, de reconocido catalanismo español.

La caída macabra en un process rupturista irreversible viene del abrazo tontuno del catalanismo burgués tradicional con el radicalismo marxista, hasta el punto de la «bajada» de hombres bragados como el honorable Jordi Turull, arrodillado ante las exigencias de la CUPER, proclamando delictivamente: «para mi firmar la ley de ruptura es un auténtico honor». Se atisba la intervención del Fiscal General del Estado de España.

¿Se está intentando aplicar el Poder del Estado ante la incompetencia, o sea, el no ejercicio eficaz de competencia debida, frente a la barbarie del terrorismo sufrida por numerosas nacionalidades extranjeras en el zarpazo de ISIS en las Ramblas de Barcelona, estando alertados los responsables de la Generalitat y del Ayuntamiento por avisos y recomendaciones de las necesarias prevenciones, y que estuvieron mirando en otra dirección, quizás la de la CUPER, que domina «la manifestación» pero descuida la defensa del «interés general», representado por españoles catalanes y no catalanes y por extranjeros bienvenidos, cuya salud es supranacional?

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