Un presidente autonómico, su consejero de Interior y el jefe de su policía

Alfonso Rojo: «Además de ineptos y sectarios, son un hatajo de mentirosos»

Muy fanático tiene que ser un ciudadano, para no haberse mosqueado ya ante la sarta de ineptitudes y mentiras que engranan una tras otra

Alfonso Rojo: "Además de ineptos y sectarios, son un hatajo de mentirosos"
Joaquim Forn, Carles Puigdemont y Josep Lluís Trapero. CT

Los mismos que ni atisbaron el peligro ni adoptaron las decisiones adecuadas, nos la intenten clavar doblada

Qué barata sale la mentira en la Cataluña independentista. Dice Turull que si alguien pretende insinuar que el atentado islamista de La Rambla se podía haber evitado «que tenga el coraje de decirlo».

Yo lo afirmo y estoy seguro de que millones de catalanes, tras asistir estupefactos al espectáculo que el portavoz de la Generalitat, Puigdemont, Colau, Trapero y compañía dan desde hace dos semanas, piensan lo mismo.

Muy fanático tiene que ser un ciudadano, para no haberse mosqueado ya ante la sarta de ineptitudes y mentiras que engranan una tras otra (EEUU confirmó por escrito a la Generalitat de Cataluña que había alertado a los Mossos).

¿Habría recorrido 700 metros la furgoneta atropellando inocentes si hubiera habido bolardos en el paseo central? Tajantemente no y eso es responsabilidad de la alcaldesa antisistema, de Pisarello, ese teniente de alcalde que arranca banderas españolas del balcón del Ayuntamiento, y de quienes pontificaron que plantar maceteros ‘coarta la libertad’.

¿Habría complicado los planes asesinos del iman de Ripoll y sus compinches que la autoridad ‘competente‘ hubiera tomado en serio la advertencia que les hizo llegar la NSTC norteamericana?

Pues claro, pero estaba muy atareados inaugurando ‘embajaditas’ y sancionando a tenderos que rotulan en español (García Albiol deja al jefe de los Mossos como un trapacero de pacotilla).

Y compartiendo, además, una de las insensateces más arraigadas entre la progresía nacional: nada podía pasar, porque la tragedia del 11-M había sido culpa de Aznar y de tener tropas españolas en Irak y una vez apartado el pecador y retirados los militares, no existía motivo alguno por el que los fanáticos de Alá pudieran atacarnos.

¿Cabía la posibilidad de haber frenado a los facinerosos si Joaquim Forn no se hubiera apuntado primero a la tesis de las bombonas de gas para calefacción y después a la del laboratorio de droga cuando voló por los aires la guarida de Alcanar?

Quizá, porque la vivienda reventó a las 11 y media de la noche del miércoles 16 de agosto y no fue hasta dieciséis horas después que Younes inició su carnicería en Barcelona.

Es tan fácil como injusto alardear a posteriori sobre las medidas que habrían sido correctas y acertadas. No es achacable a los Mossos, que a la hora de la verdad estuvieron soberbios cuando hubo que tirar de pistola, que se escabulla un criminal en la ‘Operación Jaula‘ o que no identifiques a tiempo unos vehículos.

Lo que no es de recibo es que un presidente autonómico, su consejero de Interior y el jefe de su policía, los mismos que ni atisbaron el peligro ni adoptaron las decisiones adecuadas, nos la intenten clavar doblada.

Lo de La Rambla y Cambrils no ha sido un atentado contra Cataluña: es un atentado contra España.

ALFONSO ROJO

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