Salvador Monzó Romero

La Peste

La Peste
Salvador Monzó

1. LA PESTE

Licenciados en Números no hay tantos;
En Leyes, que menos una ciencia exacta
Es cualquier cosa, sin que levante acta
Un Notario, los hay muchos más que cantos

En caminos de tierra, y más que espantos
Las reses por beber agua putrefacta;
Lo que ya resulta una ciencia abstracta
Es la Política, en la que unos cuantos,

Muchos cuantos y cuantas de medio pelo,
Chupan del odio y del rencor la pócima,
Pues tan solo les van cardos y abrojos;

Van a la entrepierna cual bestias en celo
Con los ataques de su peste bubónica,
Y me digo: ¡Santo Dios, cuántos Rojos!.

2. EL ABISMO

Sé bien el camino que he recorrido;
El que me queda por recorrer, lo ignoro;
Me bautizaron porque no fuera moro
Y un buen cristiano creo que he sido;

Como sus Diez Mandamientos he cumplido
Y desde niño he cantado en el coro
De la Iglesia, bien y no como un loro,
Problemas con Dios creo no haber tenido;

He sido un buen abogado, y en el foro
Me he dado a defender al oprimido
Por la justicia, con el mayor decoro;

Sé que en este camino no he subido
Muchas cuestas que el prójimo me ha tendido…
Lo siento: con ellos no todo ha sido oro:

Lo de que lo amarás como a ti mismo,
Incluso a los Rojos,… ¡me es un abismo!.

3. EL SANTO OFICIO

Tres cosas hay en la vida
Cuya existencia no entiendo,
Y pues que no son antojos,
Ni encontrando otra parida,
Desde siempre vienen siendo:
El mal, la muerte y… ¡los Rojos!;
Tres cosas que si a la inversa
Se las toma me es igual,
Pues son, a cual más perversa:
Los Rojos, la muerte y el mal.

Tiene el mal muy mala leche,
La muerte es tan cicatera
Que nadie evita su sima;
Y aunque al río se les eche,
A los Rojos no hay manera
De quitárnoslos de encima;
Tres cosas que son tres cruces
Y si acaso no lo son,
Ando yo pidiendo luces
Para entrar en razón.

Si con él solo hay estrés,
Hechos con ella unos cromos,
Y con ellos todo es roña,
Tres cosas, tres cruces, tres
Causas por las que no somos
Pues felices… ¡ni de coña!:
Sólo nos queda un resquicio
Y es abrir mucho los ojos
Y aprender bien este oficio:
¡Poner a caldo a los Rojos!.

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