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Aclárense o váyanse

Aclárense o váyanse
Méndez de Vigo. PD

Hace cosa de un mes, el mismo día, o al siguiente, en que el portavoz del Gobierno en el Congreso dijese que, no se aplicaría en Cataluña el artículo 155 de la Constitución antes del 1-O por falta de tiempo, el ministro portavoz del Gobierno nos saltaba con que este último, tenía contempladas todas las vías legales para evitar la celebración del referéndum, sin descartar en absoluto la aplicación del citado artículo.

En esas mismas fechas, algunos destacados juristas, afirmaban que la aplicación del 155 antes del día clave, era ya imposible un mes antes, porque no daba tiempo para ello. No solo eso, dos meses atrás, personas entendidas en la materia advirtieron públicamente, que el tiempo para dicho artículo, se acababa.

No está mal. Dos miembros importantes del Gobierno se contradicen públicamente, casi al unísono, en relación a un tema capital para la subsistencia de la España que conocemos, y tan tranquilos, ninguna explicación. ¿Blanco y negro al mismo tiempo? o ¿el españolito es tonto y traga? Un mínimo de respeto a los ciudadanos, ¡por favor!

Ese galimatías de declaraciones, ¿no tendrá nada que ver, con que el principal partido de la oposición, ya anunció hace tiempo, que no apoyaría tal medida? Aclárense, por favor, no nos cuenten películas.

Hablando del principal partido de la oposición, la solución para el tema catalán, según su secretario general, es una abstracta reforma de la Constitución. Abstracta porque no aclara que modificar y en qué sentido. Si conviene al país, adelante, estudiémosla, pero diga que cambiar, quitar o poner. De lo contrario hay que entender que esa misteriosa reforma es como el bálsamo de Fierabrás, que por sí solo soluciona todo, sea lo que sea.
Otra de sus ocurrencias relativa al tema es proclamar que España es una nación de naciones. Pregunto ¿usted sabe lo que está diciendo?

Según el diccionario de la RAE, nación es «Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común» o «Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo Gobierno».

Cualquiera que lea con atención las anteriores definiciones llega a la conclusión de que una «nación de naciones» es una absoluta contradicción, por emplear términos educados. Si esas segundas naciones lo son como tal, la primera no puede existir, pues como mucho sus habitantes utilizarían en ocasiones un mismo idioma, no lo sería según la primera definición. Según la segunda acepción, en España habría o bien una única nación, o bien diez y siete naciones distintas. Nunca una nación de naciones.

La antepenúltima, su propuesta de formar una comisión en el Congreso para tratar de Cataluña. Napoleón, cuando no quería que un asunto se resolviese, nombraba una junta para estudiarlo. Salvando las abismales distancias entre los dos, el Gran Corso (perdón por compararte con ese personajillo), lo hacía consciente de lo que buscaba, el otro para salir en la tele y la prensa.

Nos tienen hartos, aclárense, dejen de marear la perdiz y hagan algo, que para eso les pagamos y bien. De lo contrario sobran todos, ¡váyanse!

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