Víctor Entrialgo de Castro

Desafiantes

Desafiantes
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

Desafiantes. No hay palabra que a mi parecer defina mejor la actitud del separatismo y del podemismo que padecemos. Lo mismo Puigdemont que Forcadell, Iglesias que Junqueras, Garzón que la Colau, Rufián que Tardá, Rita Maestre que Irene Montero, la Gabriel que la Colau, ya sea en el Parlamento, en la televisión, en casa de Roures o de Pilar Rahola, todos ellos hacen gala en todas sus intervenciones de un aire retador, pendenciero, farruco, garrulo, chulo, que persigue como objetivo no la libre expresión de sus ideas sobre esto y aquello, sino la provocación.

La provocación del rival, del opositor y en general de todos los ciudadanos españoles que no pertenecen a su secta. Y en particular del Estado, como vieja estrategia nacionalista y podemita, para que la reacción, incluso el uso de la fuerza legítima por parte del Estado que por algo es Estado, como ellos gustan en llamar, siga alimentando su conocido victimismo.

Porque son sectas en las que sus mentiras y dogmas, su miseria intelectual y su objetivo de tomar el poder a través de un golpe, de uno u otro signo, separatista o podemita, o ahora aliados, da igual, que subvierta el ordenamiento constitucional, les da esa rigidez que Iglesias, Puigdemont y Roures nos muestran de cada vez y les priva del deleite de la flexibilidad imprescindible en la búsqueda de la verdad y el interés general, conviertiéndolos en individuos torvos, amenazadores y peligrosos desde el punto de vista político para los ciudadanos libres.

Pero en ese permanente desafío, los separatistas catalanes han logrado esta vez algo sumamente complicado. Algo que estaba acallado desde el otro intento de golpe de estado del 23-F. Despertar el nacionalismo español, el sentimiento de unidad de los españoles que estaba acallado desde el 23-F a fuerza de contemporizar y de otorgar subvenciones, para ganar votos
Unas subvenciones gastadas, no en desarrollo ni en educación, sino en «Omnium cultural», o sea, en televisiones, pancartas, banderitas inventadas y en poner en nómina a vagos y maleantes para que con nuestro dinero hayan venido durante años organizándose e inculcado el odio hasta en las escuelas.

Los separatistas son muchos menos de los que aparentan. Y aunque lo fueran, un golpe de Estado es un golpe de estado, lo lleve a cabo Agamenón o su porquero. A la vista está que aquí ha sido su porquero.

Como de costumbre la Colao y otros okupas de las instituciones en virtud de un manifiesto defecto del sistema, dicen un dia una cosa y al dia siguiente la contraria. Saben que pueden pasar del palio al paro y del paro al ocio, en lo que llegan unas elecciones, porque aparte de llorar y desafiar no han hecho nada allá donde están. Eso sí, siguen organizando sus actos y asambleas de estrategia política típicos y socialmente inútiles en los que son unos profesionales y adonde van solo los intervinientes.

Estos políticos desafiantes, estos charlatanes permanentemente retadores y pendencieros venden en realidad un odio subvencionado sin el cual tendrían que estar haciendo algo que no han hecho en su vida, trabajar.

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