Gaspar Albertos

La Gran Mentira Independentista

La Gran Mentira Independentista
España y Cataluña, la dandera española y la senyera catalana. PD

Son tantas las patrañas que tratan de sustentar los independentistas catalanes en su poliédrico intento de separarse del resto de España (y digo «resto» porque Cataluña también forma parte de España) que a la hora de escribir un artículo de opinión sobre este asunto, uno se ve desbordado y no sabe ya que falacias acometer dado que te estás enfrentando a un aparato mediático/político que ha llegado a alcanzar un alto grado de eficacia en la labor de crear una gran mentira al más puro estilo de lo que ocurrió en la Alemania nazi de los años treinta del siglo pasado.

Fagocitar bajo subvenciones y concesiones partidistas a medios de comunicación e imponer una enseñanza con descarada inmersión lingüística acompañada de una inequívoca «formación del espíritu nacional» ha facilitado muy mucho el que la mitad de la población de Cataluña se haya creído que es posible esa Arcadia idílica que pregonan los independentistas, tan posible como que ni siquiera paran en barras en avasallar por la fuerza a la otra mitad de catalanes violando no sólo las leyes del estado español al que pertenecen sino las que se habían dado para ellos mismos como ocurrió los pasados días 6 y 7 de septiembre como colofón de innumerables sentencias por cumplir de ámbito económico, lingüístico y de símbolos del estado.

Ya se ha conseguido enardecer y sacar a la calle a esa media Cataluña que cree a pie juntillas que conseguida la independencia se seguirá formando parte de la Unión Europea, se contará con el Euro como moneda oficial, disfrutaran de mejores pensiones y salarios, tendrán menos paro, reconocimiento internacional como estado y dispondrán de mejores infraestructuras. Pero eso sí, no se preocupen ustedes, el Barça seguirá jugando en la liga española que para eso nos tomamos lo que más nos conviene aquí, allá o acullá.

Llegados a este punto, y con no poca responsabilidad del estado español a través de sus distintos gobiernos debido a la prolongada dejadez de funciones como advierten aquellos incumplimientos de sentencias citados, tenemos ante nosotros el culmen del desafío independentista a través de la convocatoria de un referéndum ilegal que pretenden celebrar, digan lo que digan, por la fuerza. Nunca pensé que la manida frase «choque de trenes» fuese desafortunada porque sirve bien a las claras de advertencia de lo que mañana puede ocurrir en Cataluña.

Ahora bien, para desdramatizar, leo que entre los puntos designados de votación hay centros educativos, ambulatorios, hospitales, bibliotecas, juzgados (?), geriátricos, pabellones deportivos, iglesias, locales de medios de comunicación, asociaciones de vecinos, teatros, centros de ocio y guarderías. Es decir, que como para ofrecer algún dato de participación, y por ende del «si» a la independencia, sin censo y sin responsables de mesa notificados, necesitan cuantificar cualquier papeleta que se haya introducido en algo que se parezca a una urna, un votante del próximo domingo puede empezar por ir a misa (absténganse los de la CUP) y si en la iglesia no hay nada preparado para votar, puede ir a un ambulatorio a tomarse la tensión a ver si allí cuela, o a un geriátrico a visitar al abuelito y de paso votar, o ingresarse por urgencias en un hospital alegando ansiedad porque escasean unas cosas cuadradas con una ranura y donde le podrán ofrecer una urna/hucha de lucha contra el cáncer, o a un centro de enseñanza donde puede haber urnas para las votaciones de APAs, o a algún otro centro donde haya logrado llegar un tupperware chino de 50 l. de capacidad.

El caso es amortizar el tóner y el papel gastado en casa para imprimir la papeleta, que «la pela es la pela».

Gaspar Albertos

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