La izquierda antisistema ha convertido a Carles Puigdemont en un títere, en el tonto útil

España llega tarde a Cataluña

Y la burguesía catalana -banqueros, empresarios, directivos, la gente de «bona família»-, la business class del puente aéreo, será convenientemente purgada

España llega tarde a Cataluña
Independentistas catalanes insultan a los agentes de la Policía Nacional. CT

La «respuesta proporcional» que con tanta insistencia maneja el Gobierno ya no puede ser otra que la que la Constitución contempla ante situaciones excepcionales

En Cataluña se está viviendo un proceso revolucionario de libro en el que la lucha de clases para tomar el poder se ha supeditado, en primera instancia, a la lucha por la independencia.

La izquierda antisistema ha convertido a Carles Puigdemont en un títere, en el tonto útil de un plan en el que el referéndum ilegal y la huelga general son la antesala de la inminente proclamación de la república catalana.

Consumado el plan de ruptura -y ya en una segunda etapa- la izquierda radical cambiará de enemigo: ya no será el Estado español, sino «las fuerzas burguesas que encarnan el poder oligárquico de una Cataluña que no será verdaderamente libre y democrática hasta despojarlas de todos sus privilegios».

Con los del PDECat (la antigua Convergencia) harán lo que Mao con los «traidores» durante la Revolución Cultural China: les pondrán un capirote de papel en la cabeza y un humillante cartel en el pecho.

Y la burguesía catalana -banqueros, empresarios, directivos, la gente de «bona família»-, los de la business class del puente aéreo que en Madrid defendían la unidad de España y en Barcelona eran la gente guapa del independentismo, la moderna aristocracia que engalanaba con enormes esteladas los balcones de sus casas en Sarrià-Sant Gervasi, será convenientemente purgada. Pobres borinot condenados al destierro.

En Cataluña se está viviendo un proceso revolucionario de libro cuyo relato, salvo que intervenga el Estado con carácter inmediato, no diferirá mucho del condensado en estas líneas. Obsérvese que me refiero al Estado, entendido como los españoles convenimos que fuera: un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.

Un Estado con poder coercitivo -faltaría más- por una elemental razón de legítima defensa. Y tan irresponsable es su uso desmedido como no utilizarlo.

El plan de ruptura constitucional del independentismo avanza a velocidad de vértigo. La «respuesta proporcional» que con tanta insistencia maneja el Gobierno ya no puede ser otra que la que la Constitución contempla ante situaciones excepcionales. El artículo 155 o cualquiera que haga falta.

A tenor de lo que está ocurriendo, ya no es una opción, sino una obligación inexcusable.

El deplorable directo de Gonzo de risas con los radicales

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