Santiago López Castillo

Vuelve el bocazas

Vuelve el bocazas
Santiago López Castillo. PD

Le aconsejaron que se estuviera calladito. La operación estaba -y está- en marcha. Echar a Rajoy. El atentado en Cataluña iba a ser un calco del 11 M. Bronca permanente con el referéndum. Acogimiento a Otegui. Cataluña es una nación. ¿Y por qué no cuatro? Viva el Estado federal. Y muchas dosis de diálogo y de paz.

La vanidad le corroe. En la carrera por las primeras páginas le superan el Polifemo de Ezquerra, o sea, Oriol Junqueras, y el preboste (sin oste ni moste) de Puigdemont, el del pelo grasiento calcado de un tal Aberasturi, guarro redomado al que las peluqueras de Torrespaña lavaban su cabeza con pinzas de colgar en sus narices, las de ellas. Y Sánchez vuelve al ataque; dosifica el no es no pero él sí, único, genuino e intransferible. Es, con todos mis respetos, un chisgarabís, un nada a la derecha, izquierda o centro. O siguiendo con la inagotable ironía que me alimenta, empleado de la planta de caballeros de El Corte Inglés.

Además, el doble de ZP, sobresaliente cum laude del zapaterismo, es un ser generoso siempre que la pasta no la ponga él. Es de la camada de aquellas ineptas zapateriles que decían que el dinero no es de nadie. Se pasa la vida exhortando al PP a la máxima clerical de «para las misiones». Misiones de independencia, de desobediencia civil y militar. Cuánto daño nos hizo el salvador de la patria cual fue Rodríguez Zapatero al proclamar ante las hordas soberanistas el «venid y vamos todos», gilipollas también.

Y en la pluralidad del daño, me incluyo. Porque soy un español más en defender a nuestra nación, la que se mancilla con tiros, petardos y pedos multi-usos. Los que conocen a Pedro Sánchez afirman que no es de fiar. «Hoy no se fía, mañana, sí», rezaba una máxima en todos los establecimientos de ultramarinos. Pasa igual que con sus falsas promesas sobre la unidad de España. González era otra cosa; vuelve, Felipe. Tampoco es trigo limpio Miguel Uceta. Dicen que hay que cribarle. Nada que ver estos socialistas -o socios listos- con los históricos Ramón Rubial, Carvajal e incluso Virgilio Zapatero, nada que ver con el zapateril de la memoria histérica, teniendo por bandera al traidor de su abuelo, el capitán Lozano, quien estuvo a las órdenes de Franco en la revolución de Asturias en favor de la República, ¡qué facha era el general!

Los escribidores de aquella etapa siniestra, hijos, primos y nietos y gente de mal vivir, capitaneados por el Coleta, la kultureta nos persigue, ya están diciendo que Rajoy ha proclamado el estado de excepción por aplicar la ley. Y aquí las únicas excepciones que tenemos son los Sánchez y los Iglesias y todo ese olor fétido que transmiten los marxistas-comunistas. Excluidos estaríamos las gentes de bien si gobernaran ellos: ruina, miseria, hambre, desórdenes, inmundicia… Qué bien se aprendieron el ideario de Lenin: «Hay que destruir la democracia». Y España por encima de todo. En eso están. De ahí que urja la aplicación del 155. Aunque le pique al guapito de cara.

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