Antonio Sánchez-Cervera

Bienvenida, España

Bienvenida, España
Antonio Sánchez Cervera.

España es un país maravilloso, sin que ello suponga ser el ombligo del mundo, pues ninguna nación es el centro equilibrado e insustituible del planeta.

Nuestra cocina tiene un nivel altísimo y nuestra pintura embelesa la mirada del arte y de la sensualidad, recrea el espíritu y nos hace partícipes de la Historia que hemos vivido centenariamente unidos. Velázquez es la pintura misma, Goya, impenetrablemente grande, Picasso y Dalí conforman un bloque único y así un largo etcétera de maestros que hacen hasta la envidia cariñosa de nuestros amigos franceses, por mucho que encumbren al genial Renoir.

Hay españoles que aún continúan tejiendo, manoseando, aquello de nuestra leyenda negra que en verdad nunca existió. Se enamoran frívolamente de lo exterior y ningunean con supina ignorancia lo español porque no han superado su frustrante complejo personal de paria apátrida.

España no es un conjunto adoquinado del populacho, ni los conciudadanos vivimos en un estado de guerra permanente con nosotros mismos. Tal apreciación sería tan fatua como tan falsa.

Sí es cierto que ahora, antes también, ciertos españoles nacidos y/o habitando en Cataluña, se han creído que el territorio donde duermen y platican es su exclusivo cantón. Quizá por eso, irrumpe la mediocridad tribal de ese concepto mal utilizado políticamente, de ese derecho a decidir. Con ese ficticio talismán pretenden tener y ejercer un poder superior a las propias leyes que los españoles nos dimos pacifica e inteligentemente.

Sigue siendo el tiempo de que los españoles continuemos conviviendo, es hora de que desterremos para siempre al océano cósmico del olvido la pesada mochila machadiana de las dos Españas, por tal motivo, ni Cataluña, ni nadie, puede tomar decisiones sobre nosotros pero sin nosotros y para más inri contra nosotros. Cataluña no nos debe abducir. Primero unidad, luego dialogo sensato, sabio, en el marco de la Ley, y para salir definitivamente de la incertidumbre y el desconcierto territorial, del país de las taifas, que se convoque y se celebre un Referéndum en toda España en el que todos decidamos mantener la España que a todos nos pertenece.

Por cierto, hay personas, hasta algún escritor machaconamente pesado cuando escribe, poco chistoso y sin guasa alguna, que están cansados de ser españoles y prefieren el abrigo de otra nacionalidad. Están en su derecho, ahora bien, han de saber que siempre llevarán el estigma de lo español por mucho que apostaten, equivocada y neciamente, de su condición.

España es importante y aunque naturalmente no lo es todo, nosotros, los españoles, también lo somos.

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