José Luis Suárez Rodríguez

Desbarrando, Puigdemont

Desbarrando, Puigdemont
Carles Puigdemont. PB

La senyera, como su nombre indica, es bandera que enarbola el sentido común, la sensatez en el discurrir racional e ideológico, el sosiego y el control de la conducta apasionada.

Así lo entendieron prohombres catalanistas, amantes de su región, proceres de España, amigos de la Hispanidad, hispanófilos que se significaron por su contribución al progreso de la nación española, haciendo grande sus letras, su arte, su industria, su innovación tecnológica…, y así favorecieron la fama y memoria de Cataluña.

Sus figuras señeras las contempla la historia tradicional de España, pero las olvida y desdeña la última historia de Cataluña, de burguesía agarbanzada y de ácratas ruines.
Al frente de la caterva están los dueños de un independentismo rancio, mantenido por el programa del process y la propaganda de la secesión, como modo y medio de vida. Son ellos los que han llevado al fracaso a una sociedad industriosa y progresista, que ha sido engañada por el «fuego fatuo» del «derecho a decidir», aliñado con proclamas de privilegio y adoctrinamiento de la niñez sin gran Patria.

Comandándolos están los «trepa» del 3 por 100 la «canalla» del Omnium cultural y de la ANC, y los «tontos útiles» de la CUP, dueños de la calle, preparados para el arrastre de la «movilización».

Y, como caudillo de esa tropa del nacional-independentismo, está el genio de la comunicación, Carles Puigdemont, sucesor de Artur Mas, ambos criados a la vera del ricote del imperio, Jordi Pujol, de cuya fechoría ya advirtió el Honorable Josep Tarradellas, y cuyo pesebre tuvo cuna en Monserrat, en paralelismo con la ETA.

Hoy, toda Cataluña, la España toda y el mundo entero están expectantes, pendientes del «pedo de Puigdemont». Y como el «caudillo» tiene que ser consecuente con las bravatas de su «nueva legalidad», de él se espera la proclamación de la enésima «República Catalana», al frente de la cual, según prevé la Ley Fundacional de la Republica Catalana, ya aprobada por el Parlament y refrendada por el Referéndum del 1 de Octubre, estará el Muy Honorable Carles Puigdemont. Hoy es su día, no defraudará.

Pero, ¿acaso no se huele el «muy sensible» (vale decir, insensato), que de inmediato va a ser neutralizado por la Guardia de Seguridad de Cataluña, que son los Mossos, y en caso de que éstos no actúen (como es su costumbre), lo hará la Guardia Civil?

El Puig Demon ha de ser puesto «entre barras» porque ha desbarrado mucho.

Desbarrar, según el Diccionario de la Lengua, tiene 3 acepciones: 1) Discurrir fuera de la razón o de la norma; 2) Errar en lo que se dice o hace; 3) Tirar con la barra, con la mayor fuerza posible, sin preocuparse de hacer tiro.

O sea, el líder de la «comunicación» de Cataluña (Cata… qué) ha cometido muchos errores, disparates, dislates, desvaríos, desviaciones…; se ha resbalado con mal pie, se ha desconectado, se ha deslizado escurriéndose hasta el precipicio… Ha perdido el sentido de la realidad: desmarcándose de la legalidad, malinterpretando la democracia, dividiendo a la población de Cataluña en dos mitades irreconciliables… Se ha hecho rebelde y traidor, siendo desleal a la Constitución que le otorgó el poder que detenta; ha puesto en fuga a la banca y a las empresas económicas que crean riqueza en Cataluña; ha manipulado a su pueblo, llevándolo a la ruina social.

La senyera, compuesta de barras erguidas y firmes, tomadas de la Corona de Aragón, incorporadas al Escudo de España, está siendo desbordada por la estelada, cuya estrella, copia de la comunista revolucionaria (Cuba, Puerto Rico), fue tomada como referente de la lucha contra la España imperial.

La «barrada» (cuatro barras rojas sobre fondo de oro) es un cuartel de armas del Escudo de España. la senyera tiene que volver a ser símbolo auténtico, recuperando su firmeza frente al independentismo, devolviendo la estrella al infirme firmamento de la descarada utopía, y haciéndose cuartel de defensa contra los rebeldes.

El desbarre de Puigdemont no debe ser el desastre de Cataluña.

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